

Columna y postura: qué factores explican el encorvamiento y cómo prevenirlo
SOFIA ZANOTTI

Con el paso de los años es habitual que la espalda pierda su posición erguida. Sin embargo, el envejecimiento no es el único factor que influye y, en muchos casos, es posible prevenir o al menos retrasar este proceso. Así lo explican los médicos reumatólogos Fernando Arizpe y Máximo Cosentino, ambos formados en la Universidad de La Plata y actualmente radicados en Junín, 9 de Julio, Bolívar y Pehuajó.
Los especialistas señalan que muchas deformaciones de la columna no están asociadas únicamente a la edad, sino también a enfermedades autoinmunes que afectan huesos, músculos y articulaciones incluso en personas jóvenes. Entre ellas se encuentran el lupus, las vasculitis, la esclerodermia, el síndrome de Sjögren y diversas miopatías.
Según Cosentino, es clave diferenciar si la curvatura apareció desde edades tempranas o si se manifestó en la adultez. En personas sin patologías de base, la pérdida de postura suele relacionarse con el sedentarismo, la disminución de la masa muscular y hábitos posturales incorrectos. "Si no hay una enfermedad, no debería haber una curvatura marcada. Muchas veces es postural y reversible", explica.
Arizpe agrega que la genética influye, pero que en los adultos mayores la sarcopenia —pérdida de masa muscular— es uno de los factores que más condiciona la postura. La reducción natural del espacio entre vértebras también contribuye a una leve disminución de la altura, aunque este proceso no debería generar deformaciones severas.
Cuando la curvatura es muy pronunciada, el origen suele ser patológico. Las enfermedades inflamatorias de la columna, como las espondiloartritis, pueden provocar deformaciones graves si no son tratadas a tiempo. Dolor lumbar persistente durante más de tres meses, que empeora en reposo y mejora con la actividad, es un signo de alerta.
El tratamiento temprano es fundamental. En primera instancia se utilizan antiinflamatorios y, según la respuesta, se puede avanzar a terapias biológicas, disponibles en Argentina desde hace más de dos décadas. No obstante, una vez que la columna comenzó a curvarse, la deformación no puede revertirse.
En adultos mayores también influyen patologías degenerativas como artrosis y osteoporosis. Esta última puede producir fracturas vertebrales, incluso sin dolor, que generan pérdida de altura y encorvamiento. Factores como el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, la menopausia, el sedentarismo y dietas pobres en calcio aumentan el riesgo.
La actividad física de bajo impacto es una herramienta central para prevenir estos procesos. Ejercicios de estiramiento y fortalecimiento de la musculatura paraespinal, yoga, pilates o aquagym ayudan a mantener la columna estable. En casos avanzados, los programas de rehabilitación permiten mejorar la movilidad y reducir el dolor, aunque no corrigen la curvatura.
Los especialistas destacan la importancia de adoptar hábitos saludables: dieta equilibrada, buena exposición al sol, evitar el tabaco y mantener un peso adecuado. También remarcan que, aunque existan factores hormonales o genéticos que aumenten el riesgo, un estilo de vida activo puede reducir de manera significativa las complicaciones.









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