Polinosis: cuáles son los síntomas de la alergia al polen

Con la primavera aumenta la presencia de polen y también las consultas por alergias estacionales. Estornudos, congestión nasal, picazón y lagrimeo están entre las manifestaciones más habituales.
“¿Sabías que…?”28/09/2026Lorena acostaLorena acosta

La llegada de la primavera trae un aumento de la concentración de polen en el ambiente y, para las personas sensibilizadas, puede significar la aparición o intensificación de diferentes síntomas respiratorios y oculares. Esta alergia estacional es conocida como polinosis y puede extenderse durante varios meses.

Según explicó la doctora Raquel Rodríguez, jefa de la División Alergia e Inmunología del Hospital de Clínicas de la UBA, la polinosis aparece durante determinadas épocas del año como consecuencia de una mayor exposición a los pólenes de ciertas plantas.

Los granos de polen son microscópicos y pueden desplazarse fácilmente por el aire. Si bien todas las personas están expuestas a ellos, las manifestaciones alérgicas se producen en quienes presentan sensibilización.

¿Cuáles son los síntomas?

Entre las manifestaciones más habituales aparece la rinitis alérgica, que puede provocar estornudos, secreción acuosa, congestión y picazón en la nariz, el paladar o la garganta.

También puede presentarse conjuntivitis alérgica, caracterizada por picazón, lagrimeo, enrojecimiento de los ojos y, en determinados casos, inflamación de los párpados.

Por otro lado, la aparición de tos, silbidos en el pecho o dificultades respiratorias requiere una evaluación médica, ya que puede existir compromiso de las vías respiratorias inferiores o asociación con asma.

Según Rodríguez, más del 20% de las personas puede desarrollar alergia al polen, aunque existe un importante nivel de subdiagnóstico debido a que muchos pacientes conviven durante años con los síntomas sin realizar una consulta especializada.

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El clima también influye

La cantidad de polen presente en el ambiente no es constante. Los días soleados, secos y ventosos suelen favorecer su dispersión, mientras que la humedad y la lluvia pueden reducir temporalmente su concentración.

Además, no todas las plantas liberan polen al mismo tiempo. Los árboles tienen mayor incidencia durante la primavera; las gramíneas, hacia finales de la primavera y comienzos del verano; y determinadas malezas, durante el final del verano y principios del otoño.

Cómo se diagnostica

Una señal para prestar atención es la repetición de los síntomas en determinados meses del año. Ante cuadros persistentes, la recomendación es realizar una consulta médica para establecer su origen y descartar otras afecciones.

El diagnóstico puede incluir pruebas cutáneas —conocidas como prick test— y análisis de sangre para determinar anticuerpos IgE específicos.

Una vez identificado el alérgeno, el tratamiento depende de cada paciente y de la intensidad de los síntomas. Puede contemplar medidas destinadas a reducir la exposición al polen y medicamentos indicados por profesionales.

En determinados casos también puede utilizarse inmunoterapia específica con alérgenos. La elección del tratamiento debe realizarse mediante evaluación médica y no a partir de la automedicación.

La consulta cobra especial importancia cuando los síntomas afectan el descanso o las actividades cotidianas, o cuando aparecen tos persistente, sibilancias o dificultades para respirar.

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