Crisis policial expone tensiones en la gestión Pullaro

El decreto salarial desactivó la protesta, pero la crisis dejó interrogantes sobre la conducción política y el desgaste institucional en Santa Fe.
Política Sta Fe12/02/2026SOFIA ZANOTTISOFIA ZANOTTI

El conflicto que atravesó la Policía de Santa Fe dejó de ser un reclamo sectorial para convertirse en un episodio de fuerte impacto político. Si bien el Gobierno provincial logró desactivar la protesta con un decreto salarial, el desarrollo de los hechos evidenció tensiones internas y abrió interrogantes sobre la gestión de la crisis.

La protesta se extendió durante varios días y tuvo su punto más visible en la ciudad de Rosario, donde se registraron concentraciones frente a dependencias policiales y una paralización parcial de móviles. El malestar, según distintas fuentes, venía acumulándose desde hacía meses por salarios deteriorados, sobrecarga operativa y reclamos internos que no encontraron respuesta temprana.

En un primer momento, la reacción oficial se centró en remarcar la ilegalidad de la medida y en aplicar sanciones disciplinarias. Sin embargo, lejos de desactivar el conflicto, la tensión escaló y el reclamo ganó volumen territorial. Con el correr de los días, la discusión dejó de ser estrictamente salarial y pasó a leerse como un problema político de mayor alcance.

La posterior firma del decreto fijando un nuevo piso salarial permitió normalizar el servicio y descomprimir la situación inmediata. No obstante, el episodio dejó expuesta una dinámica reactiva: primero la minimización del problema, luego el endurecimiento del discurso y finalmente la respuesta económica.

Otro de los puntos que generó debate fue la comunicación pública durante los momentos más críticos. La ausencia inicial del gobernador Maximiliano Pullaro y la delegación del mensaje en ministros con tono confrontativo fueron señaladas por referentes políticos como factores que complejizaron el escenario.

En paralelo, la crisis coincidió con un clima social ya atravesado por paritarias abiertas y movilizaciones sindicales vinculadas a la reforma laboral en el Congreso nacional. La simultaneidad de ambas escenas reforzó la percepción de un inicio de año cargado de tensiones para la administración provincial.

Si bien el conflicto inmediato quedó superado, el impacto político comienza a medirse en términos de desgaste. Dentro del oficialismo surgieron preguntas sobre la continuidad de áreas clave y la necesidad de ajustes en la conducción. Hasta el momento, la señal predominante fue la de sostener la estructura actual.

La crisis policial dejó así una advertencia hacia adelante: en un contexto de alta conflictividad, la capacidad de anticipar tensiones puede resultar tan determinante como la respuesta que finalmente se adopte.

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