Agresión a Bastía y el trasfondo político del episodio

El ataque contra el ministro de Gobierno frente a Casa de Gobierno reaviva tensiones internas, estilos de conducción cuestionados y disputas territoriales dentro del radicalismo santafesino.
Política Sta Fe29/01/2026SOFIA ZANOTTISOFIA ZANOTTI
Fabian-Bastia

El episodio ocurrido el martes por la noche frente a Casa de Gobierno, donde el ministro de Gobierno de Santa Fe, Fabián Bastía, fue abordado por un hombre que lo tomó del cuello y lo increpó en la vía pública, generó un fuerte impacto político e institucional.

Antes de cualquier análisis, hay una aclaración ineludible: todo hecho de violencia es repudiable, más aún cuando involucra a un funcionario público. En un sistema democrático, las diferencias políticas o personales nunca pueden resolverse mediante la agresión.

Según el parte policial, el hecho ocurrió cerca de las 21.40 sobre calle General López al 2600, cuando el ministro se dirigía a un bar ubicado frente a la Casa Gris. Un individuo se acercó, lo tomó del cuello y le profirió amenazas, para luego retirarse del lugar. Bastía fue asistido en Medicina Legal, donde no se constataron lesiones, y la causa quedó caratulada como “agresión sin lesión”, con intervención de la Estación Policial Sur. El propio ministro adelantó que ampliará la denuncia.

Un antecedente que vuelve a escena
El episodio no aparece como un hecho completamente aislado. En octubre de 2024, Bastía y el ministro de Seguridad Pablo Cococcioni fueron increpados por empleados judiciales durante el ingreso y egreso de los Tribunales de la capital provincial, en el marco de la jura de autoridades de la Cámara de Ejecución Penal.

En aquella ocasión, una respuesta irónica del ministro derivó en una escalada verbal con gritos e insultos, lo que obligó a la intervención de terceros para resguardar a los funcionarios. Ese antecedente hoy reaparece como parte de un clima de fricción persistente.

Viejos vínculos y versiones cruzadas
Respecto del ataque de este martes, trascendió que el agresor sería un militante radical, abogado egresado de la Universidad Nacional del Litoral y con vínculos previos con el ministro. Incluso, según distintas fuentes, compartieron ámbitos universitarios y se saludaban ocasionalmente en Casa de Gobierno. También se indicó que se trataría de un empleado provincial.

Desde algunos sectores se deslizó la posibilidad de que el agresor estuviera alcoholizado, aunque personas de su entorno relativizaron esa versión. Lejos de cerrar el tema, el dato abrió interrogantes que exceden el episodio puntual.

Lo que se dice puertas adentro
Dirigentes radicales consultados aportaron una mirada más profunda sobre el trasfondo político. Si bien nadie cuestionó a Bastía en el plano personal, varios coincidieron en un cambio de actitud desde su llegada al cargo.

“Pasó de ser un dirigente cercano a mostrar una conducción rígida, con decisiones verticales y poco margen para el diálogo”, señaló un referente del norte provincial. Otro dirigente fue más directo al describir un avance sobre armados territoriales históricos y una forma de conducción que genera resistencia interna.

En ese contexto, también aparece el respaldo del gobernador Maximiliano Pullaro, señalado por varios sectores como un factor que desalienta cuestionamientos públicos, pero no elimina el malestar interno.

Más que un hecho policial
Formalmente, se trata de una agresión callejera contra un funcionario provincial. Políticamente, el episodio deja al descubierto tensiones internas, disputas de poder y estilos de conducción que se vienen acumulando desde hace tiempo dentro del radicalismo santafesino.

Nada de esto justifica la violencia. La condena debe ser absoluta. Pero reducir el caso a un hecho aislado o a una situación personal sería desconocer un proceso político más profundo.

En democracia, la violencia nunca es el camino. Pero el silencio tampoco. Entender el contexto es parte del debate necesario.

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