



Leticia Di Gregorio sigue recorriendo la provincia con un viejo y confiable recurso: el cheque en mano. En cada parada, la senadora provincial no deja de mostrar su generosidad financiada por las arcas públicas, entregando fondos a instituciones y, de paso, arrastrando consigo a los candidatos que sueñan con una foto de campaña y un poco de brillo prestado.
Santa Isabel no fue la excepción. La legisladora “se acordó” de la localidad en plena carrera electoral, llevando consigo promesas, dinero y a los aspirantes a presidentes comunales y concejales que la acompañarán en la boleta. Una movida clásica y predecible que bien podría titularse “La Caja de Santa Fe al rescate de la militancia”.
Pero mientras los flashes capturan cada apretón de manos y cada sobre entregado, hay otro detalle que pocos mencionan: las deudas pendientes del Estado provincial. Mientras se reparten recursos con una sonrisa y un discurso emotivo, muchos proveedores esperan pagos atrasados, municipios reclaman fondos que nunca llegan y, por supuesto, los medios que no entraron en la bendición publicitaria siguen esperando algún reconocimiento más allá de los discursos sobre la “importancia del periodismo”.
La política sigue fiel a su estilo: mostrarse generosa cuando hay cámaras y convenientemente olvidadiza cuando se apagan las luces. Así, el cheque en mano se convierte en el pase VIP a la propaganda disfrazada de gestión. Lo de siempre, pero con distintos protagonistas.



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