

Therians: entre el fenómeno digital y la polémica
SOFIA ZANOTTIEn las últimas semanas, el término “Therian” comenzó a circular con fuerza en redes sociales y rápidamente saltó a los medios tradicionales. Se trata de personas que afirman no identificarse plenamente como humanas, sino con determinadas especies animales, adoptando incluso comportamientos vinculados a esa identidad.

Sin embargo, más allá del impacto digital, la presencia concreta de este fenómeno en la vida cotidiana parece limitada. Las supuestas convocatorias o encuentros públicos apenas reunieron a un pequeño grupo de adolescentes, muchas veces expuestos a burlas y viralizaciones por parte de curiosos. En este marco, surge la pregunta sobre cuánto hay de realidad y cuánto de amplificación mediática.
El debate tomó un giro político cuando el politólogo y conferencista Agustín Laje, vinculado a la Fundación Faro, calificó a los Therians como una “ideología de género” y los relacionó con lo que denomina el avance del progresismo. Sus declaraciones, difundidas en su canal de YouTube, instalaron el tema en el centro de la discusión pública.
Desde el ámbito académico, el profesor Konstantinos Argyriou, de la Universidad Rey Juan Carlos, planteó que este tipo de expresiones suelen incluirse dentro de lo que algunos discursos críticos denominan “cultura woke”, concepto que agrupa diversas identidades y corrientes vinculadas a debates sobre género y diversidad.
Por su parte, el analista Adrián Juste, integrante del laboratorio de ideas Al Descubierto, advirtió en declaraciones al diario El País que la viralización de estas rarezas puede derivar en un rechazo más amplio hacia colectivos como personas trans y LGTBIQ+, reforzando discursos que asocian diversidad con decadencia social.
En este contexto, la discusión trasciende la existencia o no de una subcultura consolidada. El foco se desplaza hacia cómo determinados fenómenos digitales pueden ser utilizados para alimentar climas de polarización, instalar agendas y tensionar debates sobre derechos y diversidad. La pregunta que queda abierta es si se trata de un movimiento emergente o de un caso más de amplificación en la era de la hiperconectividad.





















