

Leche de almendras: el costo ambiental que alerta a científicos
SOFIA ZANOTTI

La leche de almendras se consolidó en los últimos años como una de las principales alternativas a los lácteos de origen animal. Sin embargo, distintos estudios científicos comenzaron a poner el foco en su impacto ambiental, en particular por el uso intensivo del agua y la dependencia de la polinización por abejas.
La mayor parte de la producción mundial de almendras se concentra en California, región que aporta cerca del 80% del total global. Allí, el cultivo requiere grandes volúmenes de riego, lo que genera presión sobre los recursos hídricos, especialmente en zonas afectadas por sequías recurrentes.
Según investigaciones publicadas en revistas científicas especializadas, los almendros necesitan en promedio más de 10.000 litros de agua por cada kilo de almendras, lo que equivale a unos 12 litros por fruto. Esta cifra posiciona a la leche de almendras como una de las bebidas vegetales con mayor huella hídrica.
Otro punto crítico es la polinización. La producción depende en gran medida del trabajo de millones de abejas melíferas que son trasladadas desde distintos puntos del país para cubrir la floración de los almendros. De acuerdo a especialistas del CONICET, este movimiento masivo genera estrés en las colonias, aumenta el riesgo de enfermedades y provoca la pérdida de una cantidad significativa de abejas cada temporada.
Investigadores del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA) señalaron que, si bien no existen estudios concluyentes sobre un impacto directo en la biodiversidad general, el traslado de colmenas y la exposición a agroquímicos representan factores de riesgo para los polinizadores.
En paralelo, organismos y universidades trabajan en alternativas para reducir estos efectos. La Universidad de California y la Junta de Almendras del estado impulsan mejoras tecnológicas, sistemas de riego más eficientes y el desarrollo de variedades de almendros con mayor capacidad de autopolinización, lo que permitiría disminuir la dependencia de las abejas.
En términos de emisiones, la leche de almendras genera menos gases de efecto invernadero que la leche de vaca, aunque supera a otras opciones vegetales como la soja o la avena. Especialistas coinciden en que ningún alimento está exento de impacto ambiental y que la clave está en analizar todo el ciclo productivo.
Desde el SENASA recuerdan que las abejas cumplen un rol esencial en la producción de alimentos y que su protección resulta clave para la sostenibilidad de los sistemas agrícolas.
Los estudios concluyen que la sostenibilidad de la leche de almendras depende, en gran medida, de cómo y dónde se produce. La gestión eficiente del agua, la reducción del uso de agroquímicos y el desarrollo tecnológico aparecen como factores determinantes para minimizar su impacto ambiental.





















