Elecciones 2023: el oficialismo, sin Alberto Fernández ni Cristina Kirchner, ¿todos habilitados?

Renunciamiento le queda enorme, pero "me bajo por la Patria y el peronismo" es la última jugada épica que le quedaba al presidente Alberto Fernández. El que abraza al FMI no reelige, ¿el que ajusta no gana?

País 24 de abril de 2023 Oscar A Canavese Oscar A Canavese
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Nunca fuimos cultores del periodismo político y económico “tiraposta”, ese que es como el horóscopo: produce notas breves de coyuntura, con títulos impactantes y una o dos premoniciones flojas de fuentes, imposibles de chequear. Pero las elecciones 2023 con datos es otra cosa, como aquel lejano 2 de abril (la dinámica del dólar altera la percepción del tiempo) en el que anunciamos en AIRE que el presidente Alberto Fernández se bajaba a fines de este mes o principios de mayo de su obstinación por reelegir; porque no medía, porque –salvo un puñado de ministros y los jirones del Grupo Callao– se había quedado sin orgas ni territorio, porque no fue capaz de conducir a la totalidad del peronismo que hoy reclama una estrategia política y electoral nacional para no perder y porque el daño que le estaba produciendo al Frente de Todos (que es el peronismo aglomerado) era superior al que se estaba produciendo a sí mismo bajándose.

La autoridad presidencial para enfrentar los últimos ocho meses de mandato ya había sido desafiada y desgastada con éxito por funcionarios del FMI, cámaras empresarias, agroexportadores, bancos y otros operadores financieros, corporaciones mediáticas, formadores de precios en general y por la mismísima vicepresidenta Cristina Kirchner, que le dio la oportunidad de hacer lo que siempre quiso, pero sin excluir ni exterminar al kirchnerismo: pasar a la historia como el conductor que volvió a unir al peronismo en el ejercicio del poder.

Alberto no vino a hacerle el trabajo sucio a nadie (tampoco a Horacio Rodríguez Larreta) ni a convertir al peronismo en un intérprete más de la misma partitura de siempre, la que reclama el 0,2% de los argentinos y compone el FMI, pero los resultados concretos (incluso con 1,6 millones de nuevos empleos, la mitad precarios) lo dejan en ese mismo lugar.

 Tampoco es justo decir que es el único responsable del fracaso del Frente de Todos como dispositivo de gestión. Confirmado: no hubo promesas ni juramentos incumplidos, faltó el diseño funcional de un proyecto político que nunca fue tal, ni siquiera para conducir eficazmente la burocracia del Estado y esa es una responsabilidad compartida con la vicepresidenta. Eso y la falta de mecanismos claros para dirimir disensos y tomar decisiones sin dejar heridos y contusos por todas partes (básicamente a la izquierda del Frente de Todos), la impericia para comunicar logros y capitalizarlos, para cuidarse mutua y públicamente.

 El presidente le reprochó duramente a Cristina haber “cerrado todos los ámbitos de discusión ideológica y política” durante su segundo mandato; pues bien, las operaciones para desgastarla a través de periodistas y medios antiperonistas y enemigos de Cristina (que les costaron cargos a Juan Pablo Biondi y Matías Kulfas) son un indicador directo de que esos espacios de debate internos tampoco existieron.

Un analista político amigo de estas columnas, que celebra a Máximo Kirchner y votaría gustoso a Wado de Pedro, asegura sin malicia que Alberto encontró de todos modos la forma de inertizar al kirchnerismo en el ejercicio del poder, para convertirlo en una variante más en la interna del PJ, una especie de conciencia crítica con gran capacidad de movilización, pero sin un proyecto de futuro capaz de proyectarlo más allá de Cristina.

 “Debajo de Cristina hay una organización numerosa y potente, algunos nombres rutilantes, pero muy pocos cuadros de verdad y desde hace muchos años es un movimiento incapaz de generar un líder con votos capaz de relevarla”. Y al cierre de esta nota Cristina no es ni tiene previsto ser candidata, a pocos días de un acto en La Plata, el 27 de abril, donde se conmemorarán los 20 años de la asunción de Néstor Kirchner, fuentes cercanas a la vicepresidenta se dividen entre “no tengo info”, “no está esperando ninguna encuesta, no va a ser” y “si va a revertirlo, solo ella lo sabe”. Sin Alberto y sin Cristina, ¿qué queda entonces? ¿Con qué chances?

Si no hay uno, que sean dos candidatos como máximo
Renunciamiento fue el de Evita y ni los bastones de mariscal ni las lapiceras (las que firman cosas que importan) están en las mochilas de cada militante. Más respeto por los contextos y las palabras. Tampoco está claro qué podría pasar si el presidente, que no pudo ordenar el Frente en tres años, “se pone al frente de las Paso y el armado electoral”.

Pero el fin de la ilusión de un puñado de albertistas abre el camino para los que decían que “enfrentar en una interna al presidente no es algo deseable ni normal”. Tanto Daniel Scioli como Agustín Rossi tienen vía libre para confirmar sus candidaturas como expresiones de una continuidad que se haga cargo de los pendientes y “polarizar amablemente” con el único candidato de unidad posible: Sergio Massa, que sería candidato a despecho de la inflación.

Pero si Massa –que jamás lo admitió públicamente y espera una reunión con Cristina para definirlo– se transforma en candidato, por izquierda se confirmarán dos que hace más de un mes que están recorriendo el país como presidenciables: Juan Grabois y Claudio Lozano, de Patria Grande y Unidad Popular respectivamente.

 En el entorno de Juan Grabois aseguran que Cristina no revierte por lo que la candidatura se sostiene, a menos que un arreglo claro y preciso con Wado de Pedro prospere; con Wado de Pedro presidente, no como vice de Massa. Faltan los focus y las encuestas que se concentren en ese índice, pero digamos de paso que la fórmula Massa-Wado no solo no garantiza retención de votos suficientes, sino que por su pronunciación (¿Massagüado todavía?) desataría una lluvia de memes. No es chiste, los publicistas lo desaconsejan, lo que requerirá del esfuerzo de los mejores redactores creativos disponibles.

 Por lo tanto, y consultando el monitor de encuestas, la única candidata de unidad con votos (poco más del 30%, aunque hasta hoy no garanticen una victoria en primera vuelta) que evita fugas por izquierda de votos peronistas y filoperonistas es Cristina. La misma que detesta internas con más de dos candidatos (recordar las Paso de 2019 en Santa Fe) y será quien defina el sistema de alianzas que el Congreso del PJ deberá ratificar el 16 de mayo.

 Nadie puede garantizar una Paso sin desgaste. Una victoria apretada del oficialismo en primera vuelta es política y estadísticamente probable, pero insuficiente para la segunda vuelta cuando el voto opositor se condense (tanto a nivel nacional como en Santa Fe) para darle la razón a Jorge Alemán: “En este país lo único estable es el antiperonismo”.

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