Nos quejamos del pueblo… pero lo estamos destruyendo con nuestras propias manos
EDITORIAL | Por Oscar Canavese
La imagen duele. Indigna. Humilla. Porque no es una postal de abandono ajeno, es el reflejo de nuestra propia desidia. Tenemos un contenedor. Tenemos un Punto Verde para reciclar. Tenemos opciones. Y aun así, algunos siguen eligiendo la peor: tirar la basura en plena plaza, como si nada importara, como si el espacio público no fuera de todos.
¿En qué momento dejamos de actuar como comunidad? ¿Dónde quedó ese orgullo de cuidar lo nuestro, de pensar en el otro, de dejarle un lugar limpio a nuestros hijos? Nos la pasamos criticando a los gobiernos, a los funcionarios, al sistema. Pero cuando llega la hora de hacer nuestra parte, fallamos. Y no es por falta de recursos, es por falta de conciencia.
Esto no es un problema de gestión. Es un problema de valores. De respeto. De educación. Porque nadie puede decir que no tiene dónde tirar la basura. Nadie puede justificar esta vergüenza.
Como medio de comunicación, como ciudadanos, como vecinos, decimos basta. No se trata solo de reclamar. Se trata de actuar, de ser ejemplo, de hacernos cargo. Porque el pueblo que queremos no se construye con palabras, se construye con hechos. Y el primer paso es dejar de ensuciar lo que es de todos.
Queremos un pueblo limpio, ordenado, digno. Pero para eso hay que empezar por casa. Por uno. Por el respeto al otro. Y por entender, de una vez por todas, que vivir en comunidad es mucho más que compartir un espacio: es cuidarlo.
Es ahora. O seguimos hundiéndonos en la basura de nuestra propia indiferencia.
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