La guerra encarece el gas que Argentina necesita en invierno
La guerra en Medio Oriente volvió a golpear sobre un punto sensible para la Argentina: el abastecimiento de gas para el invierno. En medio de la escalada del conflicto, el precio internacional del Gas Natural Licuado (GNL) subió con fuerza y eso amenaza con encarecer las importaciones que el país todavía necesita para cubrir la demanda de los meses más fríos.
Aunque la producción de Vaca Muerta permitió reducir la dependencia externa en los últimos años, la infraestructura de transporte todavía no alcanza para llevar todo el gas disponible hacia los principales centros de consumo. Por eso, durante el invierno sigue siendo necesario recurrir a cargamentos de GNL. Según distintas estimaciones del sector, este año Argentina volvería a necesitar alrededor de una veintena de barcos para afrontar el pico estacional.
En este contexto, el Gobierno mantiene en marcha el nuevo esquema para que la importación y comercialización del GNL quede en manos del sector privado. La Secretaría de Energía había oficializado a fines de enero esta modalidad, bajo la cual el operador que resulte adjudicado deberá importar el fluido, regasificarlo e inyectarlo al sistema para abastecer a distribuidoras y usinas eléctricas.
De acuerdo con el cronograma informado, ENARSA recibirá las ofertas el 6 de abril y la adjudicación está prevista para el 21 de ese mismo mes. El problema es que el escenario internacional cambió de manera brusca: el conflicto elevó el costo del GNL y, con eso, también aumentó la presión sobre los valores que terminarán pagando los usuarios.
En paralelo, el Gobierno ya avanzó con cambios regulatorios para que ese mayor costo pueda reflejarse en las boletas de invierno. Una resolución oficial fijó el período estacional invernal entre el 1 de mayo y el 30 de septiembre, una ventana clave para la actualización del precio del gas en las tarifas.
Así, mientras el alza del petróleo puede mejorar el ingreso de divisas por exportaciones energéticas, del lado interno el efecto es distinto: más presión sobre el costo de generación, sobre el gas importado y, en definitiva, sobre el bolsillo de los consumidores.