Gilda, a 30 años de su muerte: canciones, legado y devoción
Este 7 de septiembre se cumplen 30 años de la muerte de Gilda, una de las figuras de mayor permanencia dentro de la música popular argentina. Miriam Alejandra Bianchi tenía 34 años cuando murió en un accidente de tránsito ocurrido en el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos, mientras viajaba rumbo a una presentación en Chajarí.
En el siniestro también murieron su madre, Isabel “Tita” Scioli; su hija Mariel; el chofer del micro, Elvio Mazzucco; y los músicos Enrique “Quique” Tolosa, Gustavo Balbini y Raúl Larrosa. Entre quienes sobrevivieron se encontraban su hijo Fabricio y Juan Carlos “Toti” Giménez, músico y productor que tuvo un papel central en su carrera.
Antes de los escenarios, Bianchi había trabajado como maestra jardinera. Con dos hijos y mientras atravesaba cambios en su vida familiar, respondió a comienzos de los años 90 a un aviso que buscaba una voz femenina para una agrupación tropical. Ese paso abrió una carrera que se desarrolló en un circuito dominado entonces mayoritariamente por hombres.
Con el tiempo adoptó el nombre artístico Gilda y editó trabajos como De corazón a corazón, La única, Pasito a pasito con... Gilda y Corazón valiente. Su repertorio combinó canciones románticas, historias de ruptura y composiciones que parte de su público interpretó como mensajes de autonomía y fortaleza.
Temas como “No me arrepiento de este amor”, “Fuiste”, “Paisaje”, “Se me ha perdido un corazón” y “Corazón valiente” ampliaron su alcance más allá del circuito tropical. Sin embargo, la dimensión nacional que alcanzó posteriormente su figura se consolidó especialmente después de su muerte.
Tras el accidente se multiplicaron las reediciones, homenajes y versiones de sus canciones. Su repertorio pasó a escucharse también en estadios de fútbol, fiestas y producciones de artistas provenientes de otros géneros. En este marco, la historia de Gilda fue recuperada además en libros, obras teatrales y en la película Gilda, no me arrepiento de este amor, estrenada en 2016.
Por otro lado, alrededor de su figura se desarrolló un fenómeno de devoción popular. En las inmediaciones del lugar del accidente funciona un santuario donde seguidores dejan flores, fotografías, cartas y objetos. Algunos visitantes le atribuyen favores o milagros, aunque esas afirmaciones pertenecen al terreno de la fe y no pueden comprobarse periodísticamente.
Uno de los relatos asociados al mito sostiene que “No es mi despedida” tuvo un carácter premonitorio. Sin embargo, sobrevivientes de la banda cuestionaron versiones sobre el supuesto hallazgo de una grabación entre los restos del vehículo, por lo que ese episodio debe considerarse una versión no confirmada.
Tres décadas después, la permanencia de sus canciones explica buena parte de la vigencia de Gilda. Más allá de los relatos construidos alrededor de su muerte, su repertorio continúa circulando entre generaciones y mantiene su lugar dentro de la música popular argentina.