La tarde que Maradona jugó en Carlos Tejedor ante vecinos incrédulos
Diego Armando Maradona llegó a Carlos Tejedor el 3 de junio de 1995 para jugar un partido de exhibición frente a los dos clubes de esa ciudad del noroeste bonaerense. Marcó tres goles y su equipo ganó 8 a 0, pero entre los futbolistas locales quedó otro recuerdo: la incredulidad de compartir una cancha con su ídolo.
La historia integra el libro “Leyendas urbanas sobre Diego. Los partidos desconocidos en el interior del país”, de Fernando Bajo y Federico Bajo, publicado por LibroFútbol en 2026. La obra reconstruye diez encuentros del Diez en distintas ciudades argentinas y reúne testimonios de protagonistas de aquella visita.
El amistoso se disputó en el estadio Hermanos García, de Huracán. El equipo de Maradona enfrentó al local durante el primer tiempo y a Argentinos en el segundo: convirtió cuatro goles ante cada conjunto. Según la reconstrucción del libro, asistieron cerca de 3 mil personas, en una localidad que entonces tenía menos de 5 mil habitantes. Ante la falta de tribunas, parte del público utilizó camiones jaula como gradas.
La organización comenzó con una conversación entre Luis Magnello, secretario de Argentinos, y Marcelo Bottari, exfutbolista de Huracán de Parque Patricios que tenía amistad con Maradona y visitaba frecuentemente Carlos Tejedor. Bottari gestionó la llegada y los dos clubes locales se unieron para preparar el encuentro.
La fecha prevista era el 25 de mayo, pero el viaje de Diego a Mónaco para asistir al Gran Premio de Fórmula 1 obligó a reprogramarla. Su presencia quedó confirmada el 1 de junio, apenas dos días antes del partido. Maradona llegó en avioneta acompañado por su representante, Guillermo Coppola, mientras sus compañeros viajaron en combi.
Por entonces, Diego estaba suspendido tras el control antidopaje positivo del Mundial de Estados Unidos 1994. En ese período también había dirigido a Deportivo Mandiyú y Racing.
“Estábamos cambiándonos en el club cuando escuchamos el avión y ahí recién nos convencimos de que venía Diego”, recordó Bruno Rodríguez, jugador de Argentinos, en su testimonio para el libro. Su compañero Gustavo Iglesias sostuvo que algunos vecinos no fueron porque no creían que la visita pudiera concretarse.
Darío Lopardo, que habitualmente usaba la camiseta número diez de Argentinos, pidió jugar con la nueve. Según relató a los autores, sabía que Maradona a veces cambiaba de equipo con el diez rival y quería permanecer en cancha para compartir su formación. Esa tarde, el cambio no ocurrió.
La visita dejó también una camiseta roja con el número diez negro. El libro reconstruye que Bottari se la consiguió a Oscar Bonetti, quien años después, gravemente enfermo, decidió regalársela a su amigo Alejandro Rocha. De acuerdo con ese relato, Rocha conserva la prenda como recuerdo de aquella tarde.
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