Desastre ecológico: Incendio en Los Comechingones

Nacionales 08 de octubre de 2019 Por
Más de 1.400 hectáreas arrasadas por el fuego
incendio merlo

Las tareas  se abocan a la guardia de cenizas. Fueron más de 700 personas (entre los 400 bomberos y 300 civiles) que trabajaron sin descanso en el incendio que se desató el viernes por la tarde, muy cerca de la confitería ubicada en el filo de las sierras de los Comechingones, y que arrasó la zona serrana  en jurisdicción de Carpintería y Merlo.

El fuego finalmente pudo ser controlado este lunes tras horas y horas de trabajo mancomunado de bomberos locales, de cuarteles de toda la provincia, también de Córdoba y San Juan, brigadistas de San Luis Solidario, de la Policía de la Provincia, del Plan Nacional de Manejo del Fuego y sus dos aviones hidrantes; ya que las condiciones climáticas adversas –vientos que superaron por momentos los 30 km/h-, la sequedad de la vegetación y las características topográficas no favorecían la labor de todos los voluntarios que combatieron las llamas.

Los daños que provocó el incendio fueron cuantiosos. Desde que iniciaron las llamas no hicieron más propagarse. Se estiman que más de 1.400 hectáreas de monte y bosque nativo fueron devoradas. Una vasta extensión de nuestras serranías, que con la primavera reverdecía, se tiñó -por la negligencia humana- de tonos grises y negros, dejando un paisaje triste y desolador. Años llevará recuperar el ecosistema perdido, que hacía 20 años que no sufría este tipo de desastre.

El fuego también llegó a zonas pobladas, pero la batalla la ganaron los bomberos, que evitaron que las llamas afectaran las viviendas –solo se han registrado algunos deterioros en los jardines-. Vecinos del barrio Las Cascadas, el Monasterio, Cerro de Oro y zonas aledañas fueron evacuados preventivamente.   

Toda una comunidad  se mantuvo en vilo un fin de semana entero. Una comunidad que se solidarizó con los bomberos y con quienes necesitaron una mano. Que con cada sonar de sirenas, más se alarmaba y se movilizaba para que nada falte a voluntarios y eventuales evacuados. Una comunidad que padeció la impotencia de ver cómo sus sierras ardían y con ellas se hacía cenizas su biodiversidad, su flora y su fauna. Vecinos que padecieron también  la angustia de no saber si el fuego alcanzaría sus viviendas y la incertidumbre de no tener idea si después habría un lugar a donde volver; el temor de que otra vez haya que lamentar víctimas fatales. Y nuevamente resuena la eterna pregunta, ésa que nos hacemos todos: ¿Qué pasará con los responsables?  

Fuente: El Corredor- San Luis

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