"No me siento parte de los movimientos de DDHH, yo no cobré indemnización"

Politica 29 de septiembre de 2019 Por
Hebe de Bonafini es la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Durante la dictadura, desaparecieron sus dos hijos varones y su nuera.
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Cuando fue por primera vez a la Plaza de Mayo, en mayo del 77, a reunirse con ese puñado de heroínas que luego se convirtieron en las míticas Madres de Plaza de Mayo, fue literalmente así: no conocía Buenos Aires. La Plata, su ciudad, estaba cerca, sin embargo, no había sido hasta entonces un destino turístico para la familia Bonafini.

Desde aquel 8 de febrero del 77, cuando secuestran y desaparecen su hijo mayor Jorge Omar Bonafini (en diciembre del mismo año secuestraron y desaparecieron a su segundo hijo varón, Raúl Alfredo, y en mayo del 78 desapareció su nuera, María Elena Bugnone Cepeda) durante 23 años, viajó parada en micro, desde La Plata, su ciudad, hasta la Capital Federal. Su actividad militante, de tiempo completo, sin embargo, terminó por mudarla a Buenos Aires. La casa de La Plata finalmente se vendió, aunque con un detalle: las pintadas intimidatorias "madres de terroristas" que le hicieron en la fachada, "nunca las quise borrar" dice Hebe a LaCapital, en una entrevista exclusiva en la sede de las Madres de Plaza de Mayo, frente a la plaza Congreso, en Buenos Aires. Su propia hija, Alejandra, le sugería "mamá, saquemos las pintadas, la vamos a vender más fácil". Pero como tantas veces, Hebe no dio el brazo a torcer, y no borró esa cicatriz de guerra —entre tantas otras— que lleva con orgullo e insólita vitalidad, a los 90 años.

—¿Cómo fue el primer día que fuiste a la plaza, en mayo del 77?

—Yo no vi la plaza, vi a las compañeras, me acuerdo de Azucena (Villaflor, una de las tres madres de la plaza, luego desaparecidas). Nos sentábamos en los bancos, y hablábamos, algunas iban temprano y tejían. Mi sensación, al principio, era que no nos veía nadie, casi nadie nos quería ver. Mientras tanto, íbamos preparando una carta para publicar en los medios (que se concretó hacia fin de año). Se iban sumando, hasta que fuimos como 60 o 70 y ahí ya vino la policía y nos sacó con los palos, "estamos en estado de sitio, no pueden estar acá, circulen". Ahí nació la ronda, como respuesta al "circulen".

 

—¿En estos 42 años de militancia, tuviste miedo en algún momento?

—No, después de lo que me pasó, que perdí a mi familia casi completa en menos de 5 años, nada podía pasar peor que eso. Así que miedo no tuve (falleció su único hermano y su padre, secuestraron a sus dos hijos varones en el 77, a su nuera en el 78, y falleció su marido en el 82). Peor que eso ya no me podía pasar nada.

 

—¿Y cuál fue tu momento de mayor disfrute?

—Yo disfruto de la plaza (de Mayo), disfruté de todos los años de Néstor y Cristina en el gobierno. El momento culminante de las Madres fue cuando Néstor dijo que nuestros hijos habían sido sus compañeros y que nosotras éramos sus madres. Fue el regalo más grande que recibimos las madres.

 

—Cuando llegó Néstor Kirchner anuló las leyes de impunidad y promovió los juicios de lesa humanidad. ¿Fue una anomalía, una sorpresa inesperada?

—Yo en el año 80 escribí una hojita (enmarcada, la descuelga de la pared, y lee), "No pierdo las esperanzas cuando vengo a la plaza, incluso disfruto. Sé que algún día un hijo nuestro, cualquier hijo, va cruzar la plaza y va a tomar la Casa de Gobierno. Aunque tenga que vivir 100 años, yo se que lo voy a ver, un hijo va cruzar la plaza y tomar la Casa de Gobierno, y ese hijo será un hijo mío". Cuando subió Néstor, se lo regalé a él. Ahora Cristina tiene una copia.

 

—Entre todas las propuestas que reciben en la Casa de las Madres, ¿cómo eligen qué hacer y qué dejar pasar?

—Nosotras hacemos lo que le hace bien a otro, y eso sale bien. Si las madres conseguimos lo que conseguimos, lo tenemos que poner al servicio de otros, no me sirve como un logro personal. Esta casa es del pueblo, no tendrá herederos; no es un museo, está en actividad. Y a la vez acá tenemos muchas vitrinas con premios, regalos, recuerdos, todo lo de mis hijos que yo doné. La gente lo viene a ver.

—¿Sentís que el movimiento de los derechos humanos tuvo un triunfo histórico, cultural, en la Argentina?

—Yo no me siento parte de los movimientos de derechos humanos. Creo que son palabras bastardeadas. Yo no acepté cobrar indemnizaciones ni sueldos del Estado; para hacer cosas por la vida no hay que cobrar.

¿De ningún gobierno?

—De ninguno. Nosotros somos una organización política que defiende la vida. Nunca tuvimos partido hasta que nos sumamos al "partido" de Cristina Kirchner. Ahora somos del partido de Alberto y Cristina. Durante muchos años no tuvimos partido, pero con Cristina nos jugamos.

 —¿Con Alberto, Cristina dio un paso hacia la moderación?

—No creo que sea moderado. Alberto es muy inteligente, y ahora viene un tiempo de negociación. Lo hace muy bien Alberto. Si queremos a Cristina tenemos que confiar en lo que ella propone. Yo fui la primera que le dije, hace tiempo, "no te tenés que presentar (a presidente). Ella es muy valiosa, y en este momento no le podemos dar para que se le caiga el país encima.

¿Te gustaría reunirte con Alberto?

—Sí, voy a tener una reunión con él. Y el voy a pedir que la ayuda social no la haga pasar por las organizaciones, que directamente llegue a la gente. Yo ya dije hace cuatro años, entre un niño feliz y un milico preso, elijo un niño feliz.

 

—¿Si Cristina te hubiera ofrecido la reparación (para familiares de desaparecidos) que ofrecieron el gobierno de Alfonsín y Menem, en su momento, tampoco la aceptabas?

—No, no, tampoco. La reparación es algo muy del gobierno de los Estados Unidos, algo yanki. Es lo mismo que te ofrecen que lleves a la nena a Miami cuando cumple 15 años. Es una dominación cultural, te lo van metiendo en la cabeza. Me acuerdo cuando mandaban las cartas por la reparación económica pedía que pusiéramos la fecha en que nosotras creíamos que nuestros hijos habían muerto. Decía "muerto", no decía asesinado, eso ya era complicado. Fueron más de 200 mil dólares, algo muy tentador. Alfonsín también promovió una pensión a familiares, en su momento, donde teníamos que aceptar que el desaparecido no había sido visto por seis años, y entonces estaba muerto. Nosotros también lo rechazamos. Perdíamos el valor de la vida. En la época actual, vos no podés pedirle plata a la (María Eugenia) Vidal para luchar contra ellos, que generan hambre y muerte. No podés aceptar ese dinero sucio. Nosotros decimos lo que queremos, no le debemos nada a nadie.

 

—¿Ser políticamente correcta nunca fue una preocupación para vos?

—No, no. Los pueblos tenemos que ser políticamente incorrectos, y la política hace lo posible, pero los pueblos tenemos que hacer lo imposible.

Mundial del 78 fue una operación de propaganda de la dictadura, sin embargo, abrió un camino positivo para las madres. ¿Cómo fue?

—Los holandeses vinieron y nos filmaron en la Plaza, ahí surge el famoso testimonio de Marta Alconada Aramburu (de La Plata) que ruega ante cámara "ayúdennos". Eso llegó a Holanda, y la mujer del primer ministro nos invita a nuestro primer viaje. Fuimos, y de ahí llegamos a todos lados. Holanda nos dio el gran espaldarazo, y todo a propósito del mundial de fútbol.

Hebe de Bonafini afirma que para "hacer cosas por la vida, no hay que cobrar".

Fuente: La Capital

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