Rosario|Un vecindario indignado por el arresto injustificado de un inocente

Policiales 14 de julio de 2019 Por
Quienes conocen a Carlos Roberto J. salieron en su defensa después de que el hombre estuviera preso bajo sospecha de ser un abusador serial
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https://novedadesdelsur.com.ar/noticia/21679/cayo-el-presunto-violador-serial-al-que-le-atribuyen-ocho-ataques-sexuales

"A este pibe le arruinaron la vida". Siete palabras comunes que se repiten en los testimonios de los vecinos del pasaje Juana Manso al 2800, en el borde del barrio Parque Casado, y que salieron a defender a Carlos Roberto J., el hombre de 33 años que fue sometido a una rueda de reconocimiento como sospechoso de ocho casos de abusos sexuales que se produjeron en distintos puntos de la ciudad en los últimos siete meses y que investiga la fiscal de la Unidad de Delitos Sexuales Alejandra Raigal. En ese procedimiento, realizado la mañana del viernes en el Centro de Justicia Penal, ninguna de las víctima de los ataques lo señaló como su agresor. "Los vecinos nunca dudamos de él porque lo conocemos. No alcanza con definirlo como «buen pibe». Es un muchacho que no tiene maldad. Podría decirte que es «aniñado». Trabaja de changas, está terminando la primaria en una escuela nocturna a pesar de le edad que tiene y se rapó para estar presentable en el acto escolar del 9 de julio porque es abanderado. Además, no tiene ni tuvo moto, como la que usa el hombre que comete estos hechos. Todos en el barrio estamos muy indignados con lo que le hicieron. El viernes, cuando lo soltaron, todos los vecinos de la manzana fuimos a saludarlo", explicó un hombre que vive en la misma cuadra que "Carlitos", como lo conocen en el barrio.

La detención

El jueves al mediodía Carlos regresaba a su casa tras acompañar a su suegra a un control médico. Junto a la mujer bajaron del colectivo en Ovidio Lagos y Saavedra. La mujer, con visibles problemas para desplazarse, se sintió cansada. Carlos la dejó al cuidado de un vecino y corrió los 150 metros que separan la parada de su casa para buscar una silla de ruedas.

Lo hizo lo mas rápido que pudo, pero cuando salió de la vivienda con la silla de ruedas un patrullero de la policía lo esperaba. Lo detuvieron sin mediar palabras, lo esposaron y se lo llevaron. Algunos vecinos intentaron frenar la detención explicando que Carlos era "una persona de bien". Pero los policías no los escucharon. Se lo llevaron como sospechoso de una saga de ocho casos de abusos sexuales cometidos en los últimos siete meses por un mismo atacante.

La investigación sobre "Carlitos" se habría iniciado a partir de un llamado al 911 y su rostro fue considerado por los policías como compatible con un fotofit oficializado por el Ministerio de Seguridad de la provincia 24 horas antes del arresto.

Primero fue conducido en forma de "incomunicado" a la seccional 21ª. De allí lo derivaron al nuevo Instituto de Recuperación de Mujeres, en 27 de Febrero al 7800. Allí espero ser llevado el viernes a la mañana al Centro de Justicia Penal para ser sometido a un reconocimiento de personas ante siete de las víctimas de esos ataques sexuales. Carlos estuvo algo más de 30 horas con la carga de sus derechos invertida. Tratando de demostrar que no era culpable en lugar de presumirse inocente, como lo manda la Constitución Nacional.

"La vida de este hombre ya no será la misma. Para una persona que nunca tuvo contacto con el sistema penal, el hecho de que se lo haya ido a buscar, se lo haya detenido y le allanaran la casa no es gratuito. No es algo que se pueda superar rápidamente. Y si a eso le sumamos la absoluta falta de profesionalidad de la policía en no manejar de modo reservado lo que debe ser preservado (la divulgación de fotos) le generó un perjuicio mayor. Tanto por la repercusión pública que tiene el caso y porque muchos ciudadanos de Rosario vieron la cara de una persona que es inocente", explicó Mariano Buffarini, uno de los tres abogados de la Defensa Pública que asistieron a Carlos (ver página 40).

"No puedo hablar"

Mientras un cronista de este diario charlaba con los vecinos de la cuadra, frente al grupo pasó "Carlitos". El hombre, de alrededor de 1.70 metro y de contextura menuda, saludo amablemente a sus vecinos y continuó la marcha a paso frenético. Ante la consulta del periodista Carlos fue escueto: "No puedo hablar". Giró sobre su eje 180 grados y continuó su marcha. La descripción hecha por sus vecinos daba tal cual: un joven servicial, algo aniñado, amable, gentil y educado. Nunca levantó la voz ni reprochó el tratamiento que los medios le dieron a su detención. Giró y se fue en busca de su normalidad.

Un par de minutos más tarde Fátima, su pareja, acompañada de una señora mayor con visibles problemas para movilizarse, quedó de cara al cronista. "No queremos hablar, estamos muy dolidos. Fue terrible lo que hicieron. Lo llevaron preso sin pruebas y nadie nos dio una explicación. Yo quiero saber quién es el vecino que llamó al 911. Te invito que hables con los vecinos de la cuadra, con los del supermercado, con el señor del taller, con todos en la cuadra. Yo no voy a hablar. Quiero que ellos te cuenten cómo es Carlos", indicó Fátima. "Le arruinaron la vida, sacaron su foto en los diarios e hicieron un desastre", concluyó.

Por un largo tiempo el pasaje Juana Manso al 2800, entre Sastre y Ovidio Lagos, no será esa cuadra tranquila del barrio Carlos Casado que se percibe a simple vista. "Todos quedamos muy mal. Queremos saber quién fue el vecino que llamó al 911 porque realmente hizo una locura, una guachada. Es un buen muchacho que vive de changas, corta el césped, lava autos, lava veredas: ¿Quién le va a dar trabajo fuera de esta cuadra?", preguntó una vecina.

Una cuadra común

Carlos vive con su pareja y su suegra desde hace cinco años. "La suegra es nacida y criada en el barrio. Carlos y Fátima vivieron en Buenos Aires pero hace cinco años se mudaron para acompañar a la señora que no está bien de salud. Carlos con la suegra anda para todos lados. Por ahí se va a pescar y se lleva la reposera para la suegra", explicó otra vecina.

El muchacho vive a escasos 200 metros del cruce de los pasajes Londres y Hopkins, donde el 26 de junio se produjo en una verdulería uno de los casos de abuso sexual puesto bajo la lupa judicial. "Carlos compra todo el tiempo en ese lugar. ¿Si fuera el sospechoso vos creés que el barrio se la hubiera bancado?”, se preguntó una joven rodeada por media docena de personas que hablaban bondades de “Carlitos”.

   “Todos en el barrio quedamos conmocionados. Entendemos que se trata de un caso de alto impacto público. Pero la policía no nos puede tratar como a niños diciendo que un vecino llamó al 911. Nadie en la cuadra pudo haber hecho eso porque el pibe es diez puntos. Cuando lo soltaron y llego al barrio el viernes, tipo 17.30, los vecinos se convocaron para saludarlo. Tendrían que haberlo visto. Se corto la calle para saludarlo. Las doñas lloraban cuando lo abrazaban. ¿Eso se hace por una mala persona? Cuando cumplió años puso globos en la puerta de su casa e invitó a todos los vecinos. Todos llevaron algo para celebrar con él su cumpleaños. No hay ninguna chance de que Carlos sea la persona que buscaban. El tiempo que pasó detenido lo tuvieron sin un vaso de agua o algo para comer. Si no lo soltaban estábamos organizando con los vecinos cortar la calle y llamar a los medios. Carlos no se merecía eso”, dijo un viejo vecino.

   La vida de Carlos seguramente no será la misma. Volverá a su rutina cobijado por sus vecinos, quienes lo defienden a capa y espada, con la convicción de poner la cara por un buen hombre. Mientras tanto, la investigación por ocho hechos de abusos sexuales y robos contra mujeres en distintos puntos de la ciudad registrados entre el 7 de enero y la noche del 9 de julio de este año sigue sin culpables a la vista. Tres de esos hechos fueron con acceso carnal y los restantes fueron considerados como abusos sexuales simples. Otra historia de horror aún sin definición.

Fuente La Capital

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