¿Cuánto cuesta la corrupción en la Argentina y el mundo?

Actualidad 10 de abril de 2019 Por
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Hace más de 30 años un ministro de Economía de la Nación me confesó, en privado, en su despacho: "No se llame a engaño: la economía en negro, en la Argentina, tiene la misma dimensión que la economía en blanco". Como no hay estadísticas precisas sobre esta importante cuestión se debe suponer que poco ha cambiado. Veinte años después de aquel comentario se calculaba que un 20% del total de una inversión industrial o productiva en la Argentina entraba en la categoría de "corrupción".
Evasión, soborno, corrupción son fenómenos mundiales y todos suman para alimentar la desigualdad social, los baches fiscales profundos en materia de recaudación. La crisis de una nación. El dinero queda en cajas privadas, a través de una red de empresarios o de funcionarios oficiales o de profesionales que lo convierten en posesión indiscutible.
Para cuidarse de que no salgan a la luz, varios países se han convertido en paraísos fiscales, que son funcionales al sistema. En el 2009, en medio de la profunda crisis financiera, el G7 (los países más poderosos del planeta) se comprometió a terminar con esos paraísos donde no hay que rendir cuentas ante nadie. Aquí mismo tenemos el ejemplo de la red de corrupción que formó parte del Gobierno del matrimonio Kirchner. En febrero y marzo se descubrieron en España ampulosas cuentas bancarias de ex y actuales funcionarios del Gobierno chavista y del dictador Nicolás Maduro, y de ese engaño dio cuenta la prensa peninsular y mundial. Plata robada de las arcas estatales. Producto de estafas y prebendas. De engaños temerarios frente a la opinión pública.
¿Existió en algún momento pudor por parte de los corruptos? Hace años, un gobernador del estado de San Pablo, Brasil, Ademar de Barros Filho, descendiente de una familia de la oligarquía paulista, de profesión químico y empresario, alcanzó el galardón político de mandar en su Estado bajo el lema repetido en los carteles de sus admiradores "Rouba mas faz".

En Ecuador, según comentó el consultor Jaime Durán Barba en una entrevista periodística reciente, el ex presidente de Ecuador Abdalá Bucaram entre el 10 de agosto de 1996 y el 6 de febrero de 1997, destituido por el Congreso, aludiendo "incapacidad mental para gobernar", confesaba ante periodistas que el ejercicio de la política y de un cargo oficial era para quedarse con el dinero del Estado. Huyó a Panamá y estuvo prófugo de la Justicia ecuatoriana por 20 años hasta que su causa prescribió. No en vano aparecieron en fecha reciente los Panama Papers, que pusieron en la vitrina la acción de una y de otras consultoras al disponer del dinero robado a los Estados en cuentas personales en distintos paraísos fiscales.
Tanto en el caso de los Kirchner como en el de Adhemar do Barros y el de Bucaram, contaban con la anuencia y la simpatía de muchos seguidores. Las encuestas siguen dando respaldo a Cristina Fernández. En la misma trinchera algunos estudiosos incluyen al Gobierno de Carlos Menem en la Argentina, artífice de la privatización de las empresas públicas. Los militantes que los apoyaban juzgaban que las denuncias de corrupción eran iguales a golpes de Estado.
En América Latina el más importante caso de corrupción se produjo con los movimientos del grupo empresarial brasileño Odebrecht, figura principal del Lava Jato que dinamitó el Gobierno del Partido Trabalhista Brasileiro, el encarcelamiento de Lula da Silva, y la renuncia de varios presidentes y ex presidentes en América Latina.
Según una investigación del Fondo Monetario Internacional, el costo anual de los sobornos a muchos que detentan el poder político en el mundo llegó a 1500 miles de millones de dólares, exactamente el 2% del Producto Bruto Interno del mundo. Este es un desafío para derrotar el flagelo y figura entre las principales campañas del organismo financiero con sede en Washington.
Para el FMI la corrupción minimiza el crecimiento, acrecienta la desigualdad social y agiganta la desconfianza sobre la acción de los políticos.
Las Naciones Unidas (ONU) manejan números más altos que el Fondo Monetario. Su secretario general, António Guterres, denunció al Consejo de Seguridad que la corrupción cuesta 2,6 billones a todo el planeta, igual al 5% del producto bruto mundial.
¿Cómo se expresa? Se roban fondos para levantar escuelas, hospitales y obras públicas, mientras los funcionarios se enriquecen. Ahuyenta inversión extranjera. Desvanece la creencia en cualquier gobierno, pese a que tenga apariencias de democrático.
La corrupción en sus distintos rostros y maneras está creciendo en todo el mundo. Según el Índice de Percepción de la Corrupción, elaborado por las ONG Transparencia Internacional, usando una metodología de encuestas realizadas por expertos, evalúa los niveles de estafas al Estado en 180 países en el mundo y determina quiénes están en mejores o en peores términos. Hay 20 países que durante los últimos años han presentado mejoras importantes en sus niveles de corrupción. Estonia, en el Báltico y Costa de Marfil, en el África, son algunos de los mencionados. Por el contrario, empeoraron los índices en Australia, Chile y Malta (que forma parte del Mercado Europeo).
Los países menos corruptos del mundo son Dinamarca  y Nueva Zelanda. Argentina está en el puesto número 85. La presidenta de Transparencia Internacional declaró que, para la ciudadanía argentina: "El valor de las normas es relativo y algunos relevamientos de cultura constitucional reflejan un escaso apego a las normas en general, empezando por cuestiones muy sencillas, como las de tránsito". Y los mecanismos de las "sanciones son débiles y muchas veces las causas prescriben". Esta confirmación es la misma que la de Carlos Nino, el jurista que asesoró a Alfonsín, autor de un libro titulado Un país fuera de Ley, fallecido tras un ataque de asma en La Paz, Bolivia, a los 50 años de edad.
La no corrupción es un tema del tipo de educación recibida desde la niñez, el respeto a los preceptos que sostienen la sociedad y una tradición de siglos. Dinamarca comparte un lugar de privilegio con Finlandia, también en el Báltico, región siempre admirada por el cumplimiento del derecho, del cual se han bajado últimamente algunos países de esa región. Hace años Japón también figuraba entre las "naciones más limpias". Ahora participa en el medio del pelotón mundial. Allí, la corrupción tiene que ver con la dignidad de cada individuo. Cuando un avión comercial tuvo un accidente fatal en Osaka, hace años, por un cierto defecto de infraestructura, el administrador del aeropuerto se suicidó, no puso soportar la culpa.
Superar el mal, igual que la inflación, lleva décadas de modificaciones institucionales, educativas y sociales.

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