Los quintillizos que no se parecen en nada

Nacionales 13 de octubre de 2018 Por
Fueron los primeros que nacieron a través de fertilización asistida en el país. Hoy tienen 26 años y cada uno hizo su propio camino. Se consultan todo y disienten sobre el aborto.
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En la edición de Clarín del 7 de febrero de 1992 el título principal alerta sobre la posibilidad de que el cólera llegue a Buenos Aires en 35 días. En segundo lugar, al lado del anuncio de la muerte de la famosa cocinera Doña Petrona, Rocío André y Claudio Riganti sonríen aliviados en una camilla minutos después de una cesárea con despliegue cinematográfico: un equipo de 14 profesionales habían participado de un parto único en el país: por primera vez habían nacido quintillizos a través de fertilización asistida. Fueron cuatro nenas y un nene

Los primeros hermanos multitudinarios que coparon el living de Susana Giménez en los 90 hoy ya tienen 26 años y los cinco hicieron su propio camino.

Camila es instructora de Yoga y, entre otras cosas, realiza tutoriales para sus seguidores en las redes sociales; Sofía estudió hotelería y trabaja hace seis años en el Four Seasons; Franco se dedica al marketing; Martina trabaja en Comunicación y Catalina es la concejal más joven del Municipio de San Isidro.

Los quintillizos no se parecen entre sí. Eso es porque cada uno tuvo su propia bolsa amniótica y no compartieron información genética: es como si Rocío hubiese tenido 5 embarazos distintos pero al mismo tiempo.



“Haber nacido en grupo me hace registrar que siempre tengo a alguien al lado. No me considero un ser individual”, dice Martina, y Franco aporta: “No concebimos la idea de no consultar con los demás. Hacíamos todo juntos. O a veces no, pero si vos querías algo era muy probable que alguien más lo quisiera y eso lo considerabas siempre”.

El desafío: encontrar la individualidad dentro del colectivo. Para ellos no existió nunca la sombra de un hermano mayor. Experiencias como viajar solo por primera vez, o la primera salida de noche, la hicieron juntos y eso lo destacan como otra de las bondades de haber nacido al mismo tiempo.

“Cuando éramos chiquitos para los padres del colegio era difícil elegir qué regalarnos, entonces nos regalaban juegos de mesa para jugar juntos. Ya desde ese punto compartís todo”, agrega Catalina, que después describe a la heladera de la casa como si fuera la de un hostel: “A veces le poníamos cartelitos a las cosas para que no se las comiera otro”.

El “¡Ay, mi amor!” en el living de Susana Giménez en los 90 se multiplicaba por tres, cuatro, cinco y hasta seis hermanos. Las estadísticas de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMER) lo muestran. En 1995, cuando fue el boom de la reproducción asistida, en el 50% de las fertilizaciones in vitro se transferían 4 embriones o más. La fertilización asistida comenzaba a visibilizarse sobre todo por la sobre estimulación de la formación de óvulos. Hoy, a 5 años de la sanción de la Ley de Fertilización Asistida y a 40 del nacimiento de la primera bebé probeta, el acceso a los tratamientos es más accesible y los embarazos múltiples no son posibles porque hay mayor control y conocimiento sobre la estimulación ovárica. A pesar de que sigue habiendo problemas, la maternidad y la paternidad son reconocidos como derechos.

- ¿Tienen pensado qué tipo de familia les gustaría formar?


Camila, Catalina, Franco, Sofia y Martina. En el living de la casa natal.

En la misma posición. Los hermanos recrean ante Clarín aquella foto familiar.
- Catalina: Quiero mellizos sí o sí.

- Franco: ¿Por qué mellizos? ¿Por qué no uno y después el otro?

-Catalina: No, porque quiero que nazcan al mismo tiempo y que crezcan juntos. Como nosotros.

- ¿Pero entonces irías directo a fertilización asistida?

-Ah, no lo había pensado… Sí, no lo descarto. Aunque también me gustaría adoptar.

Para esta cronista, que comparte generación con los Riganti, la determinación y la claridad de los quintillizos a la hora de pensar en hijos es, por lo menos, asombrosa. Los Riganti conciben en la hermandad como una de las cosas más constitutivas de sus vidas. “No podría pensar en ser hija única”, dice Sofía. Coinciden en el placer de tener una familia numerosa, las vacaciones en grupo, compartir, nunca sentirse solos. Aunque aclaran: “Todavía no estamos en esa etapa”.

Rocío y Claudio vivieron el embarazo con reserva porque el desenlace era incierto y angustiante. Había grandes riesgos de que no sobrevivieran los 5 o que no lo hiciera ninguno. El obstetra vivía como un fracaso que se hubieran formado tantos embriones: demasiado riesgo para la madre, demasiado riesgo para los bebés.

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Una vez que el parto salió bien, se armó una conferencia de prensa en la puerta de la clínica Suizo Argentina y arrancó el raid mediático. Los chicos tenían pocos meses cuando conocieron la mesa de Mirtha Legrand y el living de Susana. La exposición tenía muchos beneficios. Grandes marcas los abastecieron de ropa, pañales, medicamentos, vacunas y hasta les regalaron una camioneta tipo Trafic que, según cuenta Rocío, les hizo más fácil el día a día.

“Lo que más deseaba era ser mamá y, como tenía 35 años, quería mellizos porque no quería tener un hijo único. Se me fue la mano con el deseo”, se ríe Rocío a través del teléfono.


“Somos clase media. Con Claudio no habíamos podido viajar a ningún lado y a partir del nacimiento de los chicos viajamos a todos lados: nos invitaron de Estados Unidos, Chile. Nos viajamos todo con los quinti”.

Y hasta la fiesta de 15 vino bonificada. El periodista Jorge Guinzburg, que en ese momento conducía “Mañanas informales”, decidió regalárselas y les organizó un evento para 600 personas.

Cada uno de los Riganti, cuando habla, expone. La exposición en la tele desde chiquitos los fue convirtiendo en buenos oradores. Antes de empezar la entrevista, propusieron decir el nombre de cada uno previo a responder para evitar problemas en la desgrabación. Saben cómo ordenarse.

Durante el debate por la legalización del aborto, uno de los ejes que se pusieron en discusión fue a partir de qué momento se concibe que hay vida y qué ocurre con la congelación y el descarte de embriones que se realiza en algunos tratamientos.


-Teniendo en cuenta cómo ustedes fueron concebidos, ¿tienen opinión formada respecto a este argumento y a la legalización del aborto?

-Martina: Acá no vamos a coincidir. Estoy en contra porque creo en la vida desde la concepción. Me parece fantástico igual que se debata, banco que haya posturas diferentes, es súper sano para la democracia.

Sofía, Catalina, Franco y Camila se tomaron su tiempo para opinar sobre el tema. Los cuatro coincidieron en que es un tema muy delicado, y coinciden con Martina en que para ellos la vida es un milagro desde el primer momento. Pero matizan.

- Catalina: “Ojalá no haya ningún aborto, ojalá ninguna mujer tenga que estar en esa situación. Entiendo a la legalización del aborto como una necesidad. No es una solución, es una alarma para decir: hay que hacer lo posible para que ninguna mujer muera y que ninguna mujer tenga que abortar”.

Sofía: “Trato de no pensar en mí, porque yo no me haría un aborto. Pienso en las mujeres que no tienen recursos ni educación e intento ponerme en su lugar. Y así como pienso que debe haber un marco que regule a las mujeres que quieren abortar, me encanta que haya leyes como la de la fertilización asistida para tener hijos. Que ambos tengan derecho”.


Nada que ver. Cada hermano tuvo su propia bolsa amniótica: por eso no se parecen.
Camila introduce un elemento más, que los cinco concuerdan: la importancia de que se aplique la Ley de Educación Sexual Integral. “Me encantaría que argentina pudiese progresar en lo que es la educación y en hablar de educación sexual, tener seguimiento con nenas y nenes que no tienen los recursos para la educación. Levanto las dos manos: legal seguro gratuito para quienes quieren ser madres y para quienes no quieren serlo".

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