Un teatro lleno de fans apasionados celebró las 3 décadas de Rata Blanca

Más 14 de mayo de 2018 Por
La banda del Bajo Flores continúa sorprendiendo a base de los riffs interminables de Giardino y la singular voz de Barilari.
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Rata Blanca reunió anteanoche en Rosario para celebrar sus tres décadas de vida a un público heterogéneo que acudió temprano a la cita, compuesto por nuevos fanáticos y por quienes siguen fielmente al grupo desde su fundación allá por mediados de la década de los ochenta. Lo cierto es que la capacidad del Vórterix se vio colmada, con entradas agotadas y sin desbordes.La banda surgida en el Bajo Flores impone respeto por su trayectoria y , desde el punto de vista comercial, continúa mostrando números que sorprenden. Rata Blanca, sin proponérselo, viene funcionando desde los orígenes como una informal academia: por el grupo entran y salen músicos desde hace treinta años y todos mejoran su performance individual.

Con celulares encendidos, el público concentró la atención en el escenario, dispuesto a disfrutar de la escucha en un arranque potente donde sonaron "Los chicos quieren rock" y "Sólo para amarte".

 

Walter Giardino, el histórico guitarrista y líder musical se mostró movedizo, mientras que el resto de la banda, algo más estático, siguió estrictamente el plan de diecinueve canciones en exactamente dos horas de show. Cuando Adrián Barilari, el carismático vocalista, convidó a cantar, público y artistas compartieron protagonismo creando un ámbito de fuerte conexión y demostrando firmes códigos comunes.

"Felices de estar con ustedes, gracias por venir, van a tener una noche de rock and roll", saludó escuetamente Barilari. Sin caer en el cliché de "la balada de banda metalera" que siempre suma, desaceleraron para permitir que luzca el texto de "La otra cara de la moneda", con coros de Giardino y de Danilo Moschen, el correcto tecladista santafesino.

"Treinta años de rock and roll con ustedes no es poco", confesó Barilari. Antes, con la seguridad que le otorga la solidez de la banda, cantó la reconocible "El círculo de fuego" y la celebrada "Jerusalén".

Por su parte, Giardino no ahorró notas y mostró todos sus recursos ante un público que se sintió parte de la historia. Salvo los más fanáticos cercanos al escenario, no hubo mucho pogo ni descontrol y el público le puso atención a las canciones. Eso sí, ante el agite de Barilari, todos respondieron encendidos en el arranque de "Rock and roll hotel".

Manteniendo la estética original, el anclaje con lo contemporáno está en el diseño de una puesta austera con una tarea técnica eficiente en el diseño de luces y sonido que hace lucir el show.

Superado el melancólico momento donde recordaron a Guillermo Sánchez (ver aparte), apuntaron al corazón y Barilari cantó con sentimiento "Ella", balada en la cual Giardino utilizó una guitarra de doble traste. En "Basura", mantuvieron el clima, con interpretación sobria, pero con la garra que exige el tono crítico de la letra.

"Los esperamos en el Luna Park, va a haber muchas sorpresas", prometió Barilari, invitando al próximo show en Buenos Aires. Una intro sinfónica preludió "Días duros", un clásico donde Giardino puso a prueba su dentadura tocando las cuerdas.

El armado del show tiene al frente los riffs de Giardino y el estilo "gutural" de Barilari. Suman una base rítmica potente y colores que aportan los teclados completando una estructura prolija y precisa.

"¿Están a punto caramelo para cantar con nosotros? ¡No hay excusas señores!", arengó Barilari antes del hit "Aún estás en mis sueños". Sonó enriquecida, como los buenos vinos, es que con el tiempo algunas canciones van dando su mejor versión. Luego, volvió a lucir Barilari en la balada-rock "Talismán", plantado como solista en el centro de la escena. Con clima épico en el comienzo, "Asesinos" sonó con la crudeza que amerita el mensaje.

Con un público cautivo, casi exhaustos ya los Rata Blanca encararon el tramo final de la noche, incluyendo "Tan lejos de aquel sueño", de "Tormenta eléctrica", su más reciente disco. Tras lo cual regresaron a los noventa con "Abrazando el rock and roll" y se fueron al descanso con "Volviendo a casa". El recorrido no fue cronológico, pero en la retrospectiva cumplieron con el tributo a todas las épocas.

En los bises, los últimos temas fueron saludados con la euforia que generan los clásicos: "El reino olvidado", "Guerrero del arco iris" y la balsámica "Mujer amante".

Al "chau, muchas gracias", le pegaron "La leyenda del hada y el mago". En esta última, entregaron toda la energía que restaba, agotando la reserva ante un público que les reconoció la historia y les renovó la fidelidad.

En resumen, los riffs de Giardino marcan el sonido de la banda, siendo considerado su toque una parte insoslayable de la historia del rock argento. Rata Blanca es una banda que se planta en el escenario con la autoridad que le otorgan su historia y su influencia en todos los grupos de rock metálico que aparecieron posteriormente. Rata Blanca deja la sensación de que le queda un extenso camino por recorrer y que van rumbo a transformarse en una leyenda del rock argentino.

En el recuerdo

En una pausa, el cantante Adrián Barilari se puso serio y respiró hondo para compartir un mensaje emotivo. “La semana que viene tocamos en Perú. Estamos cansados pero felices. Y siempre llevando a Guillermo Sánchez con nosotros”, expresó refiriéndose al bajista de la banda fallecido el año pasado.

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