"Si Saín va de ministro de Seguridad será el Che Guevara de Perotti"

Provinciales 24 de noviembre de 2019 Por
A Maximiliano Pullaro le toca hasta el 11 de diciembre ocupar la silla eléctrica: el Ministerio de Seguridad. Reivindica la gestión de Miguel Lifschitz y advierte que se inicia una nueva etapa en el Frente Progresista.
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A Maximiliano Pullaro le toca hasta el 11 de diciembre ocupar la silla eléctrica: el Ministerio de Seguridad. Reivindica la gestión de Miguel Lifschitz —y la suya—, advierte que se inicia una nueva etapa en el Frente Progresista, con nuevos protagonistas (como el caso de Pablo Javkin) y deja definiciones chispeantes.

"En un gabinete tan opaco, si (Marcelo) Saín llega a ministro de Seguridad será el Che Guevara del equipo de Perotti", evalúa. Pullaro considera que su probable sucesor "es la persona que más sabe de seguridad pública en la Argentina". El futuro presidente del bloque de once diputados radicales se muestra molesto por los "ataques desleales contra Lifschitz", admite que quiso ser candidato a gobernador y no rechaza la chance para 2023.

En una entrevista con La Capital, como referencia radical insoslayable en la provincia, el actual ministro le abre espacios en el Frente Progresista a los radicales que, incluso, jugaron con Cambiemos en las últimas elecciones.

—"El Ministerio de Seguridad fue el tema de agenda política hasta que pasaron las elecciones, en junio de este año. Es una cartera sumamente difícil, por supuesto, pero trabajamos mucho para que la situación pueda cambiar en algunos aspectos", asegura el futuro legislador.

—¿Y cambió en algunos aspectos?

—Cambió en muchos aspectos. Claramente, tenemos una mejor policía, bien equipada, con mayor disciplina y planificación. Los grupos criminales quedaron de un lado y nosotros del otro, trazamos una línea muy clara. Bandas desarticuladas, y los principales cabecillas hoy están presos. Esa es una marca de la gestión nuestra y de Lifschitz como gobernador: el combate contra las mafias.

—Pero Perotti ganó prometiendo "orden y paz". Y eso fue porque la gente se sentía insegura.

—Sí, por supuesto, los ejes de la campaña pasaron por la seguridad pública. Ahora, Perotti deberá demostrar con su próximo gabinete cómo se siguen mejorando algunas cosas para que la gente se sienta mucho más segura. Nosotros tuvimos mucha determinación desde el principio de la gestión de Lifschitz en enfrentar a las organizaciones criminales, y pelear fuerte contra el narcotráfico.

—¿Y qué recibe Perotti?

—Una mejor policía, una policía que pudimos sanear, aunque hay que seguir avanzando en esa forma de trabajo. Tengo más de 300 exoneraciones y destituciones, en marcha o determinadas. Claramente, fue una decisión política del gobernador Lifschitz y mía como ministro. El peronismo santafesino en sus últimos años de gobierno tuvo 16 exoneraciones. Hay cosas que nos diferencian. A nosotros, nos define como gestión haber enfrentado a las mafias y a la mala policía. Dejamos para el próximo gobierno una mejor policía y a las mafias adentro de la cárcel.

—¿Ser ministro de Seguridad le impidió presentarse como candidato a gobernador en 2019?

—Sí. Lo charlé con el gobernador en diversas oportunidades. Todo militante político de la UCR tiene pretensiones de llegar a lugares importantes. Yo fue legislador desde muy joven, ministro muy joven y tenía intenciones de ser candidato a gobernador. Después las cosas no se dieron como la había planificado y me tocó acompañar a Lifschitz en la lista de diputados. El Frente Progresista, en estos cuatro años, se dedicó íntegramente a la gestión. Arrancamos muy temprano y terminamos muy tarde. Nos faltó pensar mucho más en la política. Si hubiésemos pensado mejor la estrategia electoral seguiríamos gobernando la provincia. Nos vamos del gobierno con una gestión que mide 65 por ciento de aprobación en el territorio, y con un gobernador que tiene una imagen positiva del 70 por ciento. Por eso, el gobernador es víctima de estos ataques de los últimos días. El peronismo está teniendo deslealtad en la transición porque sabe que Lifschitz se va con un altísimo grado de imagen positiva.

No me sorprende viniendo del peronismo, pero a la figura del gobernador hay que cuidarla mucho más. Me preocupan algunas cuestiones. La ceremonia del traspaso no debe ser un acto político, es una provocación innecesaria. Me preocupa la deslealtad de Perotti con el presupuesto. El gobernador le ofreció que los dos equipos elaboren el presupuesto en forma conjunta y Perotti se negó. Mucha deslealtad.

—Usted va a presidir el bloque de once diputados radicales. ¿Siguen reconociendo el liderazgo de Lifschitz en el Frente?

—Lifschitz es un gran dirigente. Pero, de ahora en más, la realidad de la coalición no será la misma ni es la misma. Tenemos actores nuevos como Pablo Javkin, quien tendrá un peso muy importante en el Frente. Y la UCR, con sus 180 presidentes comunales, intendentes, concejales y minorías, tiene un espacio importante. Viene una etapa de consensos, no de liderazgos. Hay que ampliar los límites del Frente Progresista.

—¿Hay que ampliar los límites del radicalismo también?

—Pueden volver todos los que quieran una provincia democrática, republicana y honesta. Me gustaría que todos los que nos juntamos para enfrentar al peronismo en los 90 volvamos a estar juntos. Vamos a estar concentrados en cuestiones políticas. A mí me tocará presidir el bloque de once diputados radicales, casi el 25 por ciento de la Cámara. Vamos a articular con los que entraron por Cambiemos.

—¿Podrá haber reforma constitucional en lo inmediato?

—En lo inmediato, no creo. La Legislatura entrante sí tiene la obligación de discutirlo en los cuatro años. La reforma no tiene que contemplar la reelección, ni de Perotti ni del que vaya a venir. No hay que habilitar la reelección. Hay que construir proyectos políticos, no personales.

—¿Por qué fracasó la transición?

—Seguridad fue eje de la campaña de Perotti, pero nadie se comunicó conmigo. Ni para saber cuántos patrulleros tenemos. Ni por el 911, ni preguntaron cuántos policías hay en Rosario. Cuando el peronismo se pelea le traslada esos problemas a la sociedad. Y en este caso hay una pelea muy marcada en el justicialismo y le pretenden trasladar la responsabilidad a otros partidos. Que Perotti y Traferri se pongan de acuerdo y dejen de arrojarle culpas a Lifschitz.

—Dicen que su sucesor en Seguridad será Marcelo Saín. ¿Qué opinión tiene usted de él?

—En un gabinete de Perotti tan opaco, que más que renovador parece restaurador, con funcionarios que pertenecieron a la década del 90 y el 2000, si Saín llega a ser ministro será el Che Guevara del equipo de Perotti, el único progresista que veo en la nómina de ministros. Saín fue colaborador y asesor en la primera etapa del Ministerio que conduzco. Es la persona que más sabe y entiende de seguridad pública de la República Argentina.

—Una de las críticas a su gestión, que se repitió como un mantra, y la del gobierno es de supuesta falta de control político a la policía.

—No es así. Se dicen verdades a medias. Nosotros le pusimos mucho control político a las fuerzas de seguridad. Si yo le pregunto a usted quién es el jefe de la policía, le costará identificarlo, pero ve en la figura del ministro de Seguridad un jefe que conduce. Nadie puede negar que yo logré conducir las fuerzas de seguridad en la provincia de Santa Fe, aunque, indudablemente, hay cosas que faltan y que fallan. Hay que tener una mirada integral.

—Cuando hicimos la primera nota antes de su asunción coincidíamos en que si a usted le iba bien tendría un futuro político despejado, pero que si le iba mal no podría volver a hacer política desde posiciones de poder. ¿Cómo le fue?

—Soy diputado cuatro años más. No podría decirle.

—¿Le gustaría ser candidato a gobernador en 2023?

—Sí. Pero antes quiero ser un buen diputado provincial y un buen presidente de bloque, acompañando a nuestros presidentes comunales e intendentes en toda la provincia de Santa Fe. Es difícil medir los logros en Seguridad, pero hace cuatro años que gestiono, de lunes a lunes, sin sábado ni domingo, siempre con teléfono abierto las 24 horas. Tuve nueve días de vacaciones en cuatro años, desde el momento en que asumí. No fue fácil. Espero que el próximo ministro de Seguridad de la provincia le dedique el mismo esfuerzo a la gestión.

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