Papa Francisco: "Me gustaría visitar la Argentina el año próximo"

Nacionales 07 de julio de 2019 Por
La intención del Pontífice es volver al país que lo vio nacer, aunque sea fugazmente; en Roma, reflexionan que "necesita que los dirigentes argentinos lo dejen ser Papa"
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"Me gustaría visitar la Argentina el año próximo". Esa será la única frase que el papa Francisco pronunciará sobre su país. La serenidad y el fresco en los ambientes de Santa Marta contrastan con la Roma caótica, caliente bajo un sol implacable, que se abre a pocos metros de donde está el Pontífice. Francisco acaba de reunirse con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, con quien suele conversar tanto de la paz mundial (la obsesión del Papa) como de literatura rusa. "Nos gustan los mismos clásicos", desliza Francisco. La conversación del Pontífice con este periodista transcurre sobre sus fricciones con los sectores ultraconservadores de la Iglesia. "No me enfrento a ellos. Que digan lo que quieran. Yo no respondo", sintetiza. A su lado, precisan que se trata de sectores minoritarios con una fuerte referencia en ciertas franjas de la Iglesia norteamericana. Disponen de mucho dinero, aceptan. También hace mención a su salud, que la califica de inmejorable. Está bien. Se lo nota bien. El resto del diálogo remite a anécdotas compartidas cuando él era cardenal de Buenos Aires. Elude la política argentina. Sabe que su figura es tironeada por los distintos sectores de la vida pública argentina y no le gusta el papel en que lo colocan.

 
Sin embargo, todavía quedan en el Vaticano, casi desierto por el verano boreal, algunos cardenales y arzobispos que conocen el caso argentino. Saben, por ejemplo, que la política argentina usó hace poco una referencia del Papa al lawfare, una palabra recientemente acuñada que refiere a la "guerra jurídica" para arruinar al oponente. Esa alusión papal la usó Cristina Kirchner para victimizarse. "Allá ella con su interpretación", dice un prelado que prefiere el anonimato. El Papa, asegura, no se estaba refiriendo a lo que sucede en la Argentina. De hecho, el juez argentino más activo en las investigaciones de los casos de corrupción del kirchnerismo es Claudio Bonadio, amigo de Francisco desde hace más de 30 años. "Es el único juez -agrega otro dignatario vaticano- que no se pavonea con su amistad con el Papa ni buscó nunca una fotografía con él". Francisco rescataba insistentemente su amistad con Bonadio, es cierto, cuando este era perseguido durante los últimos años del gobierno de Cristina Kirchner.

 
Aquella alusión del Papa al lawfare ocurrió en una reunión de jueces del continente americano y fueron los estadounidenses los más preocupados por la proliferación de la "guerra jurídica". "El Papa pensó en casos que son evidentes en otros países americanos, no en la Argentina", explican funcionarios vaticanos. Resaltó de esa reunión la fotografía con el exjuez de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni, quien poco después promovió una revisión de la gestión de los jueces argentinos en los casos de corrupción del kirchnerismo. "Yo estuve ahí, dice un cardenal, y fue un instante. El instante de la foto. No hubo ningún diálogo entre ellos. El Santo Padre ni siquiera se acordaba de quién era Zaffaroni". El Papa se fue de su país hace ya seis años y medio. 

Estuvo mucho más tiempo con la candidata de Mauricio Macri a procuradora general de la Nación (jefa de los fiscales), Inés Weinberg de Roca, porque esta le contó su situación y le aclaró que aún no tiene el acuerdo del Senado. "Rece por mí", le pidió ella al Pontífice. Un alto prelado subraya la manipulación a la que es sometido el Papa en su país. "¿Qué habría sucedido -se pregunta (y se responde al mismo tiempo)- si hubiera recibido a una candidata de Cristina Kirchner sin acuerdo del Senado? ¿Cuántas cosas se hubieran dicho sobre el supuesto apoyo de Francisco a una candidata de la expresidenta? Pero la señora Weinberg ni siquiera figuró en las crónicas periodísticas".

 Su conclusión es que cada acto del Pontífice es mirado en la Argentina como un gesto hacia la política argentina. "El Papa necesita que los dirigentes argentinos lo dejen ser Papa", reclama un prelado. La palabra "prudencia", como recomendación y consejo, es la que más se escucha cerca del Papa.

 
Hace poco, Francisco se reunió con medio centenar de empresarios petroleros, a los que les pidió el cuidado del medio ambiente. Hubo algunos que se entusiasmaron en el acto con las energías renovables en lugar del combustible fósil. El Papa reaccionó reclamando prudencia. Justo él, que es autor de la encíclica Laudato si' (un alegato contra la degradación del medio ambiente), les dijo a los empresarios que la transición entre la energía renovable y la tradicional debía hacerse con mesura para ir llevando el trabajo de una hacia la otra. "Una transición rápida puede dejar a mucha gente sin trabajo", les advirtió.

 

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