Habló la mamá de la adolescente que se disparó en plena clase en La Plata

Interés General 05 de septiembre Por
Hundida en el dolor, reflexionó sobre la situación emocional de la chica y sobre su comunicación con ella. También, del papel del colegio y del de las redes sociales en la muerte de su hija.
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Apenas rearmada tras el brutal impacto, sumida en un dolor que nunca terminará de apagarse, la madre de la adolescente de 15 años que se disparó durante una clase de geografía en el Colegio Nacional de La Plata el 3 de agosto y murió cuatro días después concedió una entrevista a un medio de comunicación. Julissa tuvo a Lara cuando tenía solo 21 años. Es artesana, actriz y fotógrafa. Hace poco había roto una pareja de muchos años, hecho que marca como uno de los golpes que afectaron a Lara. La chica, además, había sido prácticamente expulsada del colegio de toda su infancia y en el Nacional de La Plata encontró un nuevo ambiente con bullying generalizado (así se lo había transmitido a su madre).

Todo eso contó Julissa. Y aunque sabe que nunca encontrará una explicación para lo que sucedió, también reflexionó sobre lo poco que conocía de la vida online de su hija, sobre su dificultad para tener una clara dimensión del padecer de Lara y para comunicarse con ella saliéndose del lugar de adulta. Todas reflexiones que quizás sean un aporte para otros padres de adolescentes.

Lara era su única hija. "Creo que siempre la vi como a una chica más pequeña. Me costó ver que ella tenía su propio mundo privado. Me costó tanto que, evidentemente, tenía un mundo privado bastante preocupante y yo no estuve al tanto. Esa autocrítica me va a perseguir durante toda la vida", dijo Julissa al sitio de noticias Infobae.

"Yo tuve a Lara a mis 21 años. Y tenerla de tan joven fue lo mejor que me pudo pasar. Si bien nunca fuimos amigas y siempre estuvo establecido el rol de cada una, la cercanía generacional nos hizo estar muy unidas durante los 15 años", contó Julissa. Describió a su hija como divertida, graciosa, creativa. "Y precisamente en lo social no había tenido jamás ningún tipo de problemas. Yo pongo la bisagra en nuestra vida desde hace unos dos años. Ahí empezaron a aparecer situaciones que me hicieron preocupar con su estabilidad emocional", señaló la mujer.

A mediados de 2015, Julissa se separó de su última pareja, que durante casi una década fue una figura masculina muy importante en la vida de su hija. A eso se sumó un cambio de colegio no deseado. Lara había ido desde el inicio de su escolaridad hasta segundo año de la secundaria a la Escuela Italiana, una institución bilingüe con un gran prestigio en La Plata. "Para ese año existía una evaluación llamada tesina, en la que los alumnos debían preparar durante todo el ciclo una tesis en idioma italiano sobre un tema libre y relacionarlo con cinco materias. A mitad de año me llamaron para una reunión y me dijeron literalmente que Lara no estaba capacitada para rendir este examen y que consideraban que estaba destinada al fracaso. Básicamente la expulsaron", afirmó Julissa.

"Uno, como adulto, no se da cuenta de la magnitud que tiene eso para un chico. Es su familia, es su lugar de pertenencia. Pasás ocho horas por día ahí y que de golpe te digan 'acá no cabés más, no estás a la altura'. Es algo terrible", dijo la mamá de la chica.

Después de un breve paso por el pequeño colegio Albores, Lara llegó en 2016 al Nacional de La Plata, colegio del que había egresado su madre. "Lara no quería ir al Nacional y siempre me lo dejó en claro --contó su madre--. La primera semana, me dijo 'mamá, esto es una selva. Acá hay un bullying terrible, son todos unos forros. No se respetan entre los compañeros ni a los profesores. No es algo contra mí, pero en general se vive algo terrible'".

"En su última etapa había entrado en una fase de dibujos llamativamente oscuros. Ahora me cierra que tenía que ver con su estado de ánimo. En ese momento pensé que le gustaba el animé y el metal. Y la estética de eso es así. Me parecía normal en ese sentido. Pero en su expresión empezó a aparecer el caos. Las expresiones de los personajes. Todo con otra impronta. Frases aleatorias, misteriosas, inconexas", contó Julissa.

La mamá de Lara contó además que el cambio radical en los dibujos de su hija se vio acompañado por un vuelco en sus lecturas y en un proceso de introspección: en el último año lo único que Lara quería hacer en su tiempo libre era estar encerrada en su cuarto, delante de la computadora. "Me empezó a desafiar con temas que nunca antes había tocado. Un día llegó a cuestionar la existencia del Holocausto y hasta criticó las bases del movimiento Ni Una Menos. Empezaba a sacar cosas de Internet, se notaba que eran discursos empaquetados, muy armados, que se repetían", contó la mujer.

"Las redes sociales y los jóvenes representan un nexo que los adultos todavía no pudimos interpretar. Seguimos muy alejados y tenemos que empezar a hacernos cargo, a vincularnos con lo que realmente pasa en Internet. No estamos dándonos cuenta de lo peligroso, de lo grande, de lo influyente que es eso para los pibes", se lamentó Julissa. Y contó que Lara tenía todo con clave y que ella se había esmerado en respetar su privacidad. "Hoy me siento totalmente responsable de no haber visto lo que consumía en las redes", señaló.

Tras el disparo en el aula, se supo que Lara había anunciado su plan en una red social llamada Voxed.

Julissa contó que el año pasado había ido dos veces al Nacional por las dificultades de integración de su hija. En las dos ocasiones, dice la mujer, tanto un preceptor como una psicopedagoga hicieron referencia a unas "figuritas terribles" en el grupo en el que estaba Lara y le ofrecieron cambiarla de curso, lo que la adolescente rechazó.

La noche del miércoles 2 de agosto, Julissa estrenaba una obra de teatro y Lara se fue a dormir a lo de su padre. "A la mañana siguiente --contó la mujer--, eran como las ocho y de repente me desperté de la nada. Sentí algo muy extraño en mí. Habrá sido esa conexión entre madres e hijos que le escapan a la física real. No pasaron tres minutos hasta que sonó el teléfono y una voz me dijo que acudiera al hospital San Martín porque mi hija había tenido un accidente y era grave".

Julissa pensó que había sido un accidente de tránsito, que Lara estaba llegando tarde y que la habían atropellado. De hecho, durante todo el camino se fue diciendo: "que haya sido un auto y no un micro". Cuando llegó a la puerta del hospital, estaba su papá que le dijo, descolocado e incrédulo: "Se pegó un tiro".

Julissa hizo foco en el lugar elegido por Lara para hacer lo que hizo: "Tuvo la posibilidad de hacer lo que hizo en la casa de su padre, que era grande, con dos pisos, con espacio, con la tranquilidad que ese lugar te ofrece, era todo más cómodo. Y aún así ella eligió poner un arma en su mochila, con todo el riesgo que eso conlleva, dirigirse al colegio y tirarse un tiro delante de todos sus compañeros. Es algo que para mí no se puede pasar por alto. No lo hizo en la casa del padre, lo hizo en el Colegio Nacional (...) Ella está diciendo mucho con eso. Estaba manifestando un enojo muy grande contra un lugar que tenía que haber sido su lugar de pertenencia. Un lugar en el que un chico pasa seis horas por día y en una gran medida implica su universo. El colegio es el universo del pibe. Uno, como adulto, se maneja de otra manera. Deja un trabajo, empieza otro, tiene amigos de la vida, con los que compartió diferentes etapas. Tiene otras herramientas para irse del lugar en el que no se siente bien. Un pibe no tiene esa posibilidad".

Julissa reveló también otros detalles que hielan la sangre y que muestran que su hija premeditó lo que hizo: la mañana del disparo, Lara les avisó a sus dos únicas amigas que no fueran a la primera clase porque iba a faltar la profesora, dejó sobre el televisor la llavecita de su "caja de deseos y tesoros personales" y escribió una extensa nota de suicidio en un cuaderno que dejó en la casa de su mamá. "En esa carta la sentí fría y muy decepcionada. La noté muy sola y eso realmente me destrozó".

"Hay una desconexión completa entre los adultos y los adolescentes. Están solos. Y te lo dice alguien que estuvo siempre presente. Pero la realidad es que muchos de nosotros todavía asumimos los problemas de los más jóvenes con posibles soluciones de adultos. Nos es imposible ponernos en el lugar de ellos", le dijo Julissa a Infobae.

En un colgante ella tiene el primer diente de leche que se le cayó a su hija. "Hoy siento que subestimé el deseo de Lara de estar en otro colegio. Me arrepiento de eso, honestamente --contó la madre de la chica--. Obviamente, no voy a decir que la causa de lo que decidió Lara fue por culpa del Colegio Nacional, bajo ningún punto de vista. No hay una causa específica cuando uno toma esa decisión. Es muy difícil entenderlo. Creo que yo tenía que haber pedido ayuda de un profesional para ver cómo trabajaba ese tema con Lara. Consideré que mostrándole mi mirada, de que el anterior colegio no era el lugar que elegimos, iba a ser suficiente. Y yo elegí correrme y correrla. Y en el fondo hay una mirada exclusivamente adulta en eso".

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