Melincué: crónica de una muerte anunciada

Regionales 14 de julio Por
El título no pertenece a Gabriel García Márquez ni tampoco al diario. Es directamente de la boca de un vecino de Melincué, donde el panorama a dos meses de las inundaciones, es desolador. El ánimo se percibe en cada esquina y ni siquiera es necesario preguntar cómo se sienten para saber que aún continúan preocupados.
Es que la ruta 90 volvió a ser superada por la fuerza del agua y dicen, que con las lluvias que se avecinan este mes, una posible sudestada arrasaría con el anillo de contención y el agua otra vez estaría en la puerta de las casas. Hoy el contexto es tal, que para llegar al casco urbano, sólo puede hacerse por la ruta 93, merced a que algunos valientes avanzan igual sobre el agua con los riesgos que eso implica.
Esta vez, los testimonios no son de funcionarios ni de autoridades. Ahora, la voz la tienen los vecinos, la gente de a pie, que caminan el pueblo todos los días y que ya no aguantan más. Descreen de mucho y de todos. Pero que no se resignan y confían en que Melincué va a salir adelante.
No se lo deseamos a nadie
Darío Morello, tiene 23 años, es además de vecino nacido y criado en Melincué, un servidor de la comunidad. Este joven bombero voluntario, estuvo bien adentro de la emergencia, asistiendo y colaborando con la localidad.
“Todo lo vivido es horrible y no se lo deseamos a nadie. Se sufrió desde el primer momento y seguimos mal, porque el peligro no pasó y todo sigue igual. Estamos esperando que pase, que baje y no se venga el agua otra vez. Literalmente cortamos clavos todos los días”, reconoció.
Según tiene entendido, hoy la laguna está en su pico histórico, lo que genera una sensación de malestar aun mayor ante la posibilidad de que julio sea un mes lluvioso. “Es grave, porque el nivel de agua sobre la ruta estuvo el doble que en el 2003, con casi 40 centímetros. Y el nivel de la laguna llegó a 86.42”, contó.
También, valoró la actitud solidaria de la comunidad durante mayo último, porque “entre todos se luchó”: “Nos dimos una mano y estamos rogando que no llueva más, esperando que baje la laguna y que las contenciones y el alteo frenen el agua para que no llegue al pueblo. Necesitamos el canal por gravedad para que mantenga el nivel la laguna“, destacó.
Seguir de pie
Franco Scocco, es el cartero del pueblo. Tiene 29 años y una postura clara: “Seguimos igual. El panorama no cambió mucho. Se hizo contención con piedras, pero es muy débil el bolseo. No sabemos cuántas sudestadas más vamos a aguantar porque el viento es muy fuerte. Estamos a la deriva. Lo que se ve no es una solución definitiva. El alteo que prometieron con tierra no va a conseguir nada”.
Para Scocco, ver al pueblo así, “es muy triste”. “La remamos día a día. Pero esto viene desde hace 40 años, que se pide una solución definitiva que es un canal por nivel que escurra para otro lado, porque estamos en una  especie de pozo y recibimos agua de varios pueblos. Necesitamos una solución definitiva, porque con piedras y tierra no se arregla. Y cuando sopla viento sur se complica aún más”, detalló.
Asimismo, aseguró que se vio que el pueblo tiene mucha “garra” y que es algo que emociona: “Ver desde el más chico al más grande, armando bolsas y cebando mates es fuerte. Lamentablemente tenemos que llegar a esto para ver la fuerza del pueblo. Pero no se lo va a llevar así nomás el agua. Tenemos esa fuerza. El pueblo sigue de pie y fueron ellos los que frenaron el agua. Pero si ahora vuelve a entrar, esta vez va a llegar y la gente que antes no se inundó, ahora sí”.
A la buena de Dios
Juan José “Cacho” Scocco, tiene 61 años y es el titular de uno de los tantos comercios que hay en Melincué. A pocos metros de la Terminal de Omnibus, pasó varias noches en vigilia con el agua acechando su fuente de trabajo.
“Estamos todos mal. A la buena de Dios. Pasa el tiempo y los trabajos no se hacen. Nadie sabe nada. Por eso yo quiero y le pido a las autoridades del pueblo, de la provincia y a quien sea, que se pongan los pantalones porque acá caen 150 milímetros y se nos mete el agua adentro. Yo tengo 61 años, ¿qué hago sin mi negocio?, ¿a dónde voy sin clientes? Yo amo a Melincué y no me voy a ir. Es lo único que tengo, mi trabajo”, dijo.
Para don “Cacho”, sus clientes están mal, no tienen la alegría de antes y todos coinciden en que nunca más les iba a tocar vivir esto. “Me dan ganas de llorar porque no puede ser que estemos de vuelta así. No quiero más esto. Que hagan algo y que se acuerden que existimos. Que las autoridades se acerquen y vean”, enfatizó.
Salir adelante
Maira Cardoso es suboficial de Policía, tiene 25 años y le tocó soportar la crecida de la laguna haciendo adicionales en la principal fuente laboral en el pueblo: el Casino de Melincué. Allí, trabajando para la Jefatura de la Unidad Regional VIII, cumplió funciones durante los días más complicados.
“La primera semana que se inundó yo estuve trabajando. Tuvimos que solicitar un tractor para poder ingresar porque no había posibilidad de entrar con un vehículo común. Ibamos con botas, nos vacunaron y nos orientaron en tema de salud. Pero fue muy trágico. Todos estaban mal, porque no sabíamos si perdíamos el trabajo. Decayó mucho el pueblo y no sabíamos qué iba a pasar”, contó compungida.
Para Cardoso, cuando descendió el agua, se notó un cambio en la actitud de la gente con el plan del canal aliviador, donde reconoció que hay un 50 por ciento de vecinos optimistas en que van a salir adelante, mientras la restante parte, aún no vislumbran mejoras. “Veo apoyo y muchos comprometidos. Recibimos ayuda de todos lados y eso nos subió el ánimo, al recibir tanta contención de la gente. Pero también están los pesimistas que no conocen la cuestión de fondo y fes falta información. Yo creo que es por eso”, describió.
Finalmente, admitió: “La gente no va tanto como antes al Casino. Pasan igual con mucha precaución con la ruta cortada, pero es peligroso. La mayoría da toda la vuelta por la ruta 33, por más seguridad y evitar la parte peligrosa. Pero no es la misma la cantidad de gente que ingresa”.

Fuente:NDS-Elinforme

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