Seis meses del cierre de Chateubriand

Regionales 04/07/2017 Por
El pasado 30 de junio se cumplieron seis meses del cierre de la fábrica quesera propiedad de Aldo Muscolini en la localidad de Carmen
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Son 17 los trabajadores que perdieron su puesto laboral, algunos con hasta 15 años dentro de fábrica y familia a cargo. Changueando y rebuscándose la vida, la mayoría sostiene el acampe en el predio de la planta para resguardarla.

Piden que aquellos sectores políticos que han sido solidarios al principio retomen con fuerzas el reclamo por la reapertura, dado que el cierre no se debió a una crisis del sector sino más bien a desmanejos de Muscolini para deshacerse de una fábrica rentable.
“Estos meses han sido muy duros. El 30 de diciembre de 2016, Muscolini va a la planta a decirnos que por problemas del sector se ve en la obligación de cerrar la planta siendo que no era así, sabíamos que él había cortado las líneas de materias primas”, recordó Sebastián Salas, trabajador de Chateaubriand. Hoy se la rebusca con laburos en campos de la zona, en una parábola de la economía: se permite cerrar un sector de procesamiento industrial por capricho de un empresario acaudalado de Venado Tuerto y esa mano de obra se va al sector primario.
Fue complejo el tránsito del verano en la carpa. Allí pasaron año nuevo con las familias sin las cuales consideran “hubiéramos estado al horno del todo”. Permanecieron con negociaciones en el Ministerio de Trabajo que parecían ir hacia una venta y el pago de lo adeudado. El 31 de enero Muscolini se había comprometido a llevar novedades. Con parte de la mercadería que permanecía en la planta, pagó el aguinaldo y los sueldos de diciembre. Pero lo que llegaron fueron 17 telegramas de despido. Y se guardó el pago de enero.

La gallina de los huevos de oro


A 35 kilómetros de Venado Tuerto, ingresando a la localidad de Carmen, se encuentra la fábrica Chateaubriand.

Empezó en 1997 fabricando leche fluida y en 2001 se volcó a la producción de quesos duros, semiduros, blandos y ricota. Además, vende crema y suero. Emplea 17 trabajadores, que para una localidad de 1800 personas (según censo 2010) es una fuente de empleo y actividad indirecta importante. Para dimensionar, es como una fábrica con 9100 empleados (el 0,94% de la población) en Rosario.

En las mejores épocas se procesaban entre 25 y 30 mil litros de leche, que equivalen a mil hormas de queso diario. Los salarios de los trabajadores se pagaban sólo con la venta de crema. En un cálculo al boleo, una buena carga rondaba los 400 o 500 mil pesos y en esos buenos tiempos se hacían dos o tres veces por semana.

Pese a estos números, hace dos años Aldo Muscolini empezó a pagar salarios en cuotas y a amasar una deuda que se calculaba a inicios de año en dos millones de pesos ($2.000.000) por falta de pago de leyes sociales con AFIP (que no obstante les descontaba del sueldo) y alrededor de cinco millones de pesos ($5.000.000) con la obra social del sindicato ATILRA. Se suma, según denunciaron los empleados, la falta de los aportes jubilatorios correspondientes desde septiembre del 2014. Aunque no hay datos certeros por parte de la empresa, se dice que hoy la deuda de Chateaubriand supera su patrimonio.

Tal como contaron a Indymedia Rosario en reiteradas ocasiones los trabajadores de la fábrica de quesos, en septiembre el patróncortó los pooles lecheros y se le fue uno de los tambos más importantes, el de Teodelina. La realización de cheques voladores a 30, 60 o 90 días con productores en crisis, empujó la partida de proveedores.
“La planta es 100% rentable. No se entiende por qué la deja caer así”, expresaban los laburantes. “Aún en caída y queriendo mostrar él una crisis, daba mucha rentabilidad, no se completaban los pedidos, siempre faltaba mercadería. La solución acá era más ingreso de leche. Dejó ir a los tamberos más importantes y no los quiso hacer volver”, recordó Salas.

Muscolini sigue con sus negocios prolíficos en Venado Tuerto. Por la zona casi todo el mundo lo conoce. Y a juzgar por los comentarios en redes sociales, muchos tienen qué recriminarle. Ahora llevó a la justicia el concurso de acreedores de la fábrica que dejó caer. Tenía en sus manos a la gallina de los huevos de oro y la degolló.

Manos hermanas


En estos seis meses de lucha y acampe la solidaridad vino de todos lados. Organizaciones sindicales, sociales, políticas y de derechos humanos se arrimaron a dar una mano de distintas maneras. “La verdad es que varios compañeros abandonaron la lucha, quedamos diez que sostenemos la medida porque está la posibilidad de que alguien comprara la fábrica. Seguimos haciendo guardias en la puerta, estamos permanentemente ahí. Nos vamos rotando en función a los laburitos que nos surgen”, contó Sebastián que tiene un hijo pequeño y llevaba 14 años en Chateaubriand.


Según relató, hubo en un momento el acercamiento de un comprador que levantó las esperanzas. Pero lo que en realidad sostiene la presencia y la batalla es “la necesidad de no tirar toda la lucha a la basura, fueron seis meses sosteniendo, queremos estar lo más enteros posibles y dignificar la lucha”, expresó el joven trabajador lácteo devenido en laburante rural.
En eso, hubo presencia y acompañamiento de compañeros de distintas plantas lecheras de la provincia, delegados, laburantes, que se arrimaron a aportar algo de dinero, armar un encuentro con asado y charla. Palmadas simbólicas en las espaldas de jóvenes padres de familia que definieron ir por la más digna y la menos fácil: pelear por lo que les corresponde.

Sobre el camino judicial pocas novedades hubo. Lo que piden los despedidos es que “la justicia tenga en cuenta que este tipo hizo lo que quiso, dejó familias en la calle sin estar afectado por la crisis ni tener una excusa válida”. Hoy día los diez trabajadores están a la deriva. Con asistencias mínimas de parte del sindicato y el intendente en materia de supervivencia básica con cuentas en el almacén. Piden que aquellos políticos de la zona que supieron arrimarse y los que no lo hicieron y pueden ahora, aparezcan en escena para dar un empujón a la lucha por la recuperación de los puestos de trabajo. Algo tan necesario en esta época de crisis y pérdida de empleo.
“El agradecimiento a los que han estado y están, es enorme y lo será siempre. Pero les pedimos un nuevo esfuerzo de acompañamiento para recuperar nuestro laburo, para mostrar que los empresarios no pueden hacer lo que se les canta con nuestras vidas. Aldo Muscolini nos dejó en la calle en vísperas de año nuevo. Se cagó en las disposiciones del Ministerio de Trabajo, le falto el respeto a las autoridades. No puede ser que sin más las reglas del juego las pongan ellos y nadie pueda hacer nada”, concluyó Salas.

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