Así cuenta un sobreviviente polaco cómo vivió la masiva deportación a Siberia

Francisco Slusarz es polaco, tiene 91 años y vive en la Argentina desde 1949, cuatro años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, de la que participó enrolado en el Ejército de su país tras sobrevivir en Siberia.
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El 10 de febrero de 1940 se produjo la primera de cuatro deportaciones masivas de polacos a Siberia y a Kazajistán, una política de "limpieza étnica" que afectó a entre 1,7 y 2 millones de polacos y de estos, la mitad murió.

Fue el comienzo de una de las acciones más trágicas de la Segunda Guerra Mundial; Tan solo en el traslado perdió la vida el 10% de ellos y se presume que para el año 1946, donde una gran parte logro volver a Polonia, había fallecido la mitad.

La madrugada de aquel día llegaron soldados soviéticos y al grito de "abran la puerta", irrumpieron en la casa en la que Slusarz vivía con su familia en la ciudad de Jodkiszkil, en el noreste del país, recuerda este ex combatiente en una entrevista con Télam.

Cabe recordar que Alemania había invadido Polonia el 1 de septiembre de 1939, dando inicio así a la Segunda Guerra Mundial, el conflicto armado que tuvo como trágica consecuencia la muerte de más de 50 millones de personas de todos los continentes del mundo.

Las tropas alemanas invadieron el territorio polaco desde el oeste, el norte y el sur. Y sólo 16 días después harían lo propio las tropas soviéticas desde el este.

El país fue repartido entre alemanes y rusos y su población sufrió el exterminio, y el sometimiento a deportaciones y trabajos forzosos por parte de las dos potencias totalitarias.

La escena que relató Slusarz se repitió en centenares de hogares polacos, comenzando por aquellos que suponí¬an que podrían ser resistentes a la ocupación soviética: maestros, profesores, funcionarios públicos, comerciantes, policías y profesionales médicos, abogados, contadores e ingenieros, así como sacerdotes católicos.

"Los soldados soviéticos entraron con armas de fuego y nos ordenaron vestirnos y agarrar algunos cosas como documentos, dinero, ropa, comida y las herramientas que había para labrar la tierra", recuerda este sobreviviente que además preside la Asociación de Ex Combatientes Polacos en la Argentina.

"Mi madre, que guardaba en un cajón fotos y nuestros documentos, protestó cuando se los pidieron. Pero ello dijeron que cuando llegáramos a destino, aunque no decían cuál era, nos los devolverían. Eso nunca ocurrió", agrega.

Slusarz, quien entonces tenía 15 años, rememora que luego caminaron cinco kilómetros, "hasta la estación ferroviaria de la ciudad de Bieniakonie, donde nos subieron a vagones de trenes para llevar ganado".

"Así viajamos miles, por días y días, en condiciones infrahumanas. La comida era poca y no había posibilidad de higienizarse", relata.

"Tampoco había asistencia médica y si sospechaban que alguien padecía una enfermedad contagiosa, se lo separaba del grupo y el destino era incierto o más bien la muerte, porque los abandonaban en ese desierto helado", añade.

"Fueron como 20 días hasta que llegamos a nuestro destino, Siberia, donde el frío dolía", describe casi como sintiendo esas torturas aún después de 76 años de los dolorosos hechos.

"Estuve un año, trabajando en una mina, donde la tarea era dura y las condiciones malas porque éramos mano de obra barata para el régimen comunista. Pero también como prisioneros, porque no teníamos documentos y además pagamos por lo poco que nos habían dado, unas casuchas y un par de cacerolas", explica.

Además había rigurosas reglas: estaba prohibido pescar, cazar, recoger hongos del bosque, alejarse del establecimiento, entre otras. Pero al recordar el horror por el que pasaron casi dos millones de polacos, Slusarz destaca que "el mayor suplicio de los deportados fue el hambre".

"El hambre, que dejó a muchos convertidos en piel y hueso, provocó desequilibrios hasta la locura. Llegó un momento que muchos sólo podían pensar en comer", describe y agrega que la otra pesadilla eran los piojos y chinches, sobre todo en los niños, que al rascarse se provocaban hasta llagas.

Y por supuesto que las condiciones climáticas no ayudaban.

"El frío era terrible. En invierno las temperaturas llegaban hasta 40º bajo cero y los días eran muy cortos. En cambio en verano, casi no existía la noche, pero había más posibilidades de conseguir alimentos, aunque la zona fue invadida por mosquitos que transmitían enfermedades". relata.

Ese horror, sin embargo, cambió al menos para algunos de ellos poco más de un año desṕués de la expulsión de polacos a Siberia, cuando el 22 de junio 1941 el hasta entonces aliado de Stanlin, Adolf Hitler, ordenó la operación Barbarroja y dió comienzo a la invasión alemana a la Unión Soviética.

El 17 de agosto de ese año, el primer ministro polaco en el exilio -el general Wladyslaw Sikorski- y el embajador soviético Ivan Mayski, firmaron el tratado Sikorski-Mayski.

Ese acuerdo daba "amnistía" a los polacos deportados y permitió la formación del Segundo Cuerpo de Ejército Polaco, comandado por el general Wladyslaw Andres, en el que se desempeñó Slusarz en Medio Oriente.

El comando de esta unidad militar se situó en Kazajstán, debido a la enorme cantidad de deportados que había en esa región y a la relativa facilidad de recibir provisiones de los aliados, en particular inglesas y estadounidenses.

El Segundo Cuerpo polaco fue trasladado a Irán en noviembre de 1942 y luego en una travesía que incluyó Palestina, Libano y África, el Segundo Cuerpo del Ejército de Polonia se apostó en Italia.

Slusarz combatió en batallas como la de Montecassino, que duró de enero a mayo de 1944 y que es famosa porque intervinieron en el bando aliado soldados de varias nacionalidades como británicos, franceses, canadienses, polacos, italianos, indios, sudafricanos, brasileños, australianos y neozelandeses.

Al terminar la guerra, llegaron a la Argentina más de 16.000 soldados polacos que sirvieron en el Segundo Cuerpo de Ejército y el de la Resistencia Polaca, tal como sucedió con Slusarz.

Establecido en nuestro país, poco tiempo atrás asumió al frente de la Asociación de Ex Combatientes Polacos en Argentina, cuyo propósito "es dejar debidamente documentado para las generaciones venideras toda la información y las experiencias de vida que miles de personas tuvieron que enfrentar".

"Nunca pensé encontrarme y vivir en los lugares que estuve. Ojalá que las nuevas generaciones aprovechen las oportunidades que les da la paz, de no tener que pasar por guerras, y que no las desperdicien", reflexiona Slusarz hoy, a 76 años de la primera deportación masiva de los soviéticos.

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